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EL SEXO

¿Por qué este hombre necesitará tanto sexo? Esta pregunta se hacía una esposa reflexionado profundamente con una amiga hoy en la cafetería.
Yo me suelo esconder tras el periódico mientras escucho los cotilleos del pueblo, lo hago a menudo; me da mucho juego para después contároslo en secreto de sumario.
Cabe aclarar –decía- que no estoy insinuando que yo no lo desee, pero me gustaría que fuera más romántico y menos sexual.
Cierto es que nuestras necesidades son diferentes. Desde pequeños tenemos diferentes intereses y actitudes. Por ejemplo: entrégale dos muñecas a una niña y seguramente las peinará, vestirá y finalmente las pondrá a dormir luego darles el besito de las buenas noches. Sin embargo, regálale dos muñecos a un niño y los pondrá a pelear o los usará como proyectiles.
Es evidente que somos diferentes físicamente, psicológicamente, emocionalmente y temperamentalmente. Así que no es sorprendente que no seamos iguales sexualmente.
Yo puedo sentir –prosigue- un gran éxtasis con tan solo abrazarnos y acurrucarnos tiernamente, mientras que él depende más del acto sexual para sentirse realmente satisfecho.
Sea como fuere haciendo el amor o acurrucándose creo que lo que realmente buscamos con la pareja es sentirnos amados/as y deseados/as. Después de todo, ambos queremos lo mismo, lo único que cada uno lo pretende de una forma diferente.

NO ME APETECE ESCRIBIR HOY

No me apetece escribir hoy, pero por si mañana tampoco, o por si fuera demasiado tarde, me gustaría deciros que quisiera vivir en el siglo chiquicientos por si en ese siglo pudiera caminar con mi familia por un mundo tolerante donde las ideas se expresaran libremente incluso las religiones tuvieran su espacio sin fanatismos. Esta claro que en este siglo no podré.

ALGO FALLA

Ayer acompañé a mi esposa a una importante librería de Valencia a comprar algún libro. Cuando está en esta librería entra en trance y no tengo esposa. Le apasiona la lectura. Bien, mientras ella estaba a lo suyo yo me entretenía observando lo bien que tienen ordenados los libros y la venta que hacían, que por cierto era mucha. Pero de todo algo me resultó muy curioso, una de las secciones que más venta tenía era la de los libros sobre autoestima o manuales para vivir. Se vendían como rosquillas. Supongo que la razón, tanto para los adolescentes como para los adultos, es que andamos en una lucha desesperada por encontrar respuestas.
Algo falla. Creo que necesitamos jóvenes motivados que estén llenos de proyectos, que recuperen el placer de soñar en un mundo donde todo les está dado sin esfuerzo propio. Creo que los padres les debemos inculcar motivaciones válidas para su existencia en este mundo lleno de dificultades e incertidumbres; es decir, razones diferentes que les brinden opciones menos pasajeras como una noche de rumba, o un momento de alucinación.

Creo que en parte los padres somos culpables de que nuestros hijos cada vez sucumban más al alcohol y a las drogas para llenar sus vacíos en un medio que solamente les ofrece la mejor tecnología, pero que se olvidó de la esencia humana, el amor.

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Emilio Fernández © 2006