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Escaparate por David Fernández Entrevista a Marian Keyes El Mirador por José Feito Links Contacto Webmaster ------------------------------------
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NOVELAS EN TRES LINEAS Debajo de la butaca había polvo. Soledad se agachó. Las yemas de sus dedos dejaron un surco en él. Las acercó a la nariz de su hijo diciendo "aspira". Javier compareció ante el tribunal con una crisis de asma. En su cartilla militar se lee "exento" Eligió el sobre azul. Lo abrió y leyó la nota: "Tu padre, leal a nosotros, te fusilará. Irás encapuchado y con hábito. El verdugo observó que el reo tenía el hombro derecho más bajo. Giró el fusil y se descerrajó un tiro. Tu cara me suena dijo la mujer de piel morena. Él la miró y colocó una caipiriña en el mostrador. Se acercó al tocadiscos y la música de samba alegró el bar. Estaban solos. Ella sonrió. Cerró la puerta y apuraron la noche otra vez. Tu cara me suena, dijiste. El comentario hizo que mi hijo Mario se fijara en los dos. ¡Tenéis un lunar idéntico junto a la boca! Eres mi pasado, mi juventud, pasión, abandono, vergüenza, miseria. Mario encontró a su hermano. Volveré a callar pero ahora seré feliz. En vaso corto y con una piedra de hielo pediste con voz desganada. Pensé:"Temperatura corporal y emocional bajo mínimos". En primavera la pediste sin hielo. Te besé. El trópico estaba en tu cuerpo.( y la lava incendió nuestros cuerpos) . El agua estaba fría. El sol la templó para que la luna se bañara. Ahora que todavía estaba sola. El agua estaba fría. El pescador pensó que era un buen pozo, profundo, debajo de un árbol y en un recodo del río. Ensartó el gusano en el anzuelo y lo lanzó. Una trucha saltó y atrapó un mosquito. "Prefiere la comida viva" pensó el pescador. Y despertó. El agua estaba fría en el pozo situado al pie de la Cueva de Covadonga. Esperó la noche y recogió las monedas. Había muchas monedas. Lógico, los enamorados viven de amor y pierden la noción del tiempo. Se quitó el reloj. Marcaba las doce. Ella le había dejado a esa hora. El relojero no consiguió que volviera a latir. Se quitó el reloj y se lanzó al agua. Alguien se lo cambió aprovechando el descuido. Los dos quedaron sin novia. Uno por regalar a otra su reloj de compromiso y el otro por venderse a otra mujer a cambio de un reloj de oro. Se quitó el reloj y lo colocó en la muñeca de su hijo adolescente diciéndole: "A partir de ahora pensarás que el tiempo se ralentiza porque querrás ser adulto. El reloj te ayudará a comprender que no es así. Todo llegará a su "hora". Cerró la llave de paso. La de los sentimientos. Ya no le llegarían las mentiras, los maltratos y el odio de él. Levantó la cabeza. Inclinada sobre el hornillo había intentado suicidarse. La única llave que se atrevió a cerrar fue la del gas. Olvidé comprar el azúcar. No recuerdo en qué lo iba a utilizar. Lo que pasa es que estás senil. Sí, incluso olvidé cómo te llamas. Al día siguiente él encontró una nota junto al azúcar. Hazte tú el flan, Roberto. Hasta nunca. Olvidé comprar el azúcar, ese que tanto canta Celia Cruz. Mañana lo haré y, como te gusta el dulce, haré un pastel que aumente al máximo tu nivel de colesterol. A ver si tus besos me saben, por fin, a miel. Ahora son como el acíbar. La cantante iba de negro, a tono con mi vida y mi futuro. La miré. Rezumaba tristeza en sus gestos, en su cuerpo que creí lleno de aguardiente. oí su voz que cantaba para mí: "No, rien de rien"... Edith Piaf me comprendía. La cantante iba de negro, de cuero negro. Estaba rayada, ausente. Su cara, bella y lívida, pregonaba noches en vela y amor desenfrenado. Comenzó a cantar. El rock and roll sonaba imitando la voz de Elvis. Se desnudó en el escenario. Era un hombre. Pregunté a un dependiente si creía que la ola de frío se prolongaría. Dudaba entre un abrigo y un bikini. Me vendió un viaje a las playas del Caribe. Él iba incluído en el lote. El profesor abrió el libro. Las páginas estaban en blanco. Escribió para sus alumnos: con mi oficio, el más hermoso del mundo, conseguiré que os interese aprender. Así, dentro de unos años, enseñaréis con ilusión. Se fundió la bombilla. La cambió por otra de mínimo consumo. En la semipenumbra, a solas con sus sentimientos, recordó otros tiempos en los que hubiera derrochado intensidad en su amor y potencia en la lámpara. Se fundió la bombilla. No la necesitaba. Dejó el libro sobre la mesita y giró en la cama. Unos brazos la acogieron. El amor no necesita luz exterior. Se fundió la bombilla en el momento culminante de la novela que leía. Decidió vivirlo con él. Menos mal que el teléfono no necesita luz. LA CARTAHace casi un año que recibí tu carta, amor mío. En ella me explicabas lo que el dolor me impedía comprender. La ausencia no separa cuando el sentimiento une. El amor consigue la magia de saber que me acompañas sin estar a mi lado. Cuando quiero hablarte puedo hacerlo sólo con pensar que me escuchas. Y abrazarte sintiendo que mi cuerpo se entrega a ti. Ahora es fácil porque sé que tú, a pesar de la separación, logras con la imaginación, igual que yo, evocar el pasado, la felicidad de cada día y las noches de pasión iniciadas con un roce de pieles, un beso, un susurro, una mirada. Aún siento tu aliento fundido en el mío y, después, toda la felicidad del amor que no tiene fin. En tu ansiada respuesta me rogabas que te contase cómo es nuestra vida sin ti. Voy a decírtelo sin ocultar nada. Al principio el terror se apoderó de nosotros. No podíamos hacer nada por recuperarte. Tus hijos y yo nos abrazamos llorando. Sabíamos que nuestras lágrimas no podían remediar tu ausencia pero sirvieron para aliviar el dolor. Estar juntos nos ayudó a soportar la espera, después llegó la resignación. Y hablando de ti, recordando las horas felices que pasamos juntos, queriéndote y añorándote llegamos hasta hoy. Cuando te fuiste sólo podía pensar en tu ausencia. Después de un mes, próxima la fiesta de San Valentín, decidí escribirte. No sabía dónde te encontrabas pero confiaba que mi carta, sólo con tu nombre en el sobre, llegaría hasta ti. Cuando recibí la respuesta supe que te había recuperado. Nunca volverás a dejarme. Cada año, como tú deseas, recibirás mis noticias y esperaré tu contestación. Siempre recordaremos la primera vez que nos vimos en una fiesta. Era "el día de los enamorados" Me miraste, tus brazos me abrazaron y bailamos tarareando la canción que tocaba la banda del pueblo. Así empezó este amor que no cesa, que se acrecienta con tu ausencia y que es mi vida. La noticia que te voy a dar te llenará de ilusión: hace seis meses que nació nuestro primer nieto, se llama como tú, Mario. Veo tu cara en la suya cuando se ríe. Es como si hubiera vuelto una parte de ti. Todavía no me entiende cuando le hablo del abuelo tan bueno que no conocerá. Le enseño tus fotos. Pronto sabrá que eres la causa del amor que siempre existió en nuestra casa. Tus hijos también le hablan de ti. Dicen que no se muere mientras alguien te recuerde Y te ame, añado. Nadie sabe que te escribo, creo que no lo entenderían. Esconderé esta carta y la llevaré, cuando nadie me vea, al mismo sitio que el año pasado. Cogeré nuestra barca de remos y me alejaré de la costa. Allí, frente a las rocas que destrozaron tu barco, la depositaré en el mar. En ese mar que tanto amaste y que te llevó para acunarte como a un niño. Envíame la tuya, como la otra vez, dentro de la misma botella. Cuando llegue me faltará menos tiempo para reunirme contigo. Marina.
--------------------------------------------------- Mª Antonia Goás Sánchez © 2005
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