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SIGNOS DEL ALMA

LOS HERALDOS NEGROS

Hay golpes en la vida, tan fuertes ... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas obscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!

TRILCE

Hay un lugar que yo me sé
en este mundo, nada menos,
adonde nunca llegaremos.

Donde, aún sin nuestro pie
llegase a dar por un instante
será, en verdad, como no estarse.

Es ese un sitio que se ve
a cada rato en esta vida,
andando, andando de uno en fila.

Más acá de mí mismo y de
mi par de yemas, lo he entrevisto
siempre lejos de los destinos.

Ya podéis iros a pie
o a puro sentimiento en pelo,
que a él no arriban ni los sellos.

El horizonte color té
se muere por colonizarle
para su gran Cualquiera parte.

Mas el lugar que yo me sé,
en este mundo, nada menos,
hombreado va con los reversos.

-Cerrad aquella puerta que
está entreabierta en las entrañas
de ese espejo. -¿Esta? - No; su hermana.

-No se puede cerrar. No se
puede llegar nunca a aquel sitio
-do van en rama los pestillos.

Tal es el lugar que yo me sé.

César Vallejo

(1892-1938)

"El Cholo". Los Andes lo concibieron y en un tiempo la cordillera peruana fue poesía. Su niñez fue cursada por la miseria pero en su hogar no faltó el amor. Cuando la distancia se interponía entre él y el calor de la familia, su alma se sumía en un sentimiento de desamparo y soledad. Autor de "Los heraldos negros" (1919), que iba a ser su primer libro. En 1920, de visita por su lugar natal, se ve envuelto en unos disturbios que lo destinan al encierro. Ese tiempo de prisionero, se vuelca en una posterior obra poética "Trilce". Esta obra cumbre en su poesía está plagada de expresiones alejadas de su tradicional modelo de escritura. En ella se sumerge en la angustia y en la angustia parecen sus versos transportarnos hacia ciertos estados del ser que hasta entonces suponían la imaginación. Escribe, también, ensayos, relatos y algunos artículos periodísticos para soportar los apremios económicos. Su paso como corresponsal en España lo lleva a no perder de vista La Guerra Civil y tras ello publica su poema, quizá, más político "España, aparta de mí este cáliz". Sus años en París también lo surcaron de extrema pobreza y sufrimiento físico. Se enamora, un amor esplendoroso, él, poeta pobre y ella, una mujer francesa de iguales o menores condiciones. Se casó, pero aquel matrimonio no duró mucho. Vallejo enfermó y su desaprensión hacia las personas que compartían su vida, se contrastaba con la solidaridad y lo humano que brillaba en su poesía. Vallejo demostraba tener un sentimiento de fe en la Justicia , en los hombres solidarios y esa fe se proyectó en los poemas. Tal vez, el entorno, los momentos históricos por los cuales atravesó, sus raíces españolas e indígenas, las experiencias de muerte y de dolor, el desarraigo, la familia, fueron su mayor influencia, y no es un tal vez, me equivoco en pronunciarlo, debió de ser así, debieron de ser sus influjos para llegar a dejar grabado ese palpitar zozobrante en sus poemas.

Finalmente, llovía en París cuando Vallejo murió, 15 de abril de 1938.

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Roxana Herrero © 2005