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SUSA CAUSTICA

ELLA - MI ABUELA

Miro hacia atrás en el tiempo y la veo a ella. Pequeña, delgada, abundante pelo canoso y unos ojos a través de los cuales la vida no ha pasado indiferente. Lo que más me gusta son sus manos, dedos largos y delgados y unas uñas, que aún hoy, siguen siendo objeto de envidia.

La gran dama, se llama Gloria y es mi abuela. Bueno... en realidad es mi güelita. Una mujer vivaracha. Todo nervio y con fuerte carácter. Se quedó viuda muy joven, con tres hijos, en la época de la posguerra.

La recuerdo en su pequeña tienda " La Flor ". La tienda de Gloria Faure, la viuda de Toledo. Era un comercio de los de antes. En escasos metros cuadrados uno se encontraba mercancía de la más variada clase. Eso sí: de la mejor calidad. ¿Cuántos tebeos nos habremos leído mis hermanos y yo? ¿Cuántas golosinas habremos comido a hurtadillas?

En navidad, mi padre montaba una exposición de juguetes que ya quisieran las grandes superficies de hoy en día. Abrían las pequeñas ventanas que conformaban el escaparate, con lo cual se veía la tienda entera, y con tablas y mucho amor él, mi madre, la abuela y mi tía convertían aquel pequeño lugar en el País de Nunca Jamás.

Recuerdo las tardes de invierno cuando mi madre me mandaba llevarle a la abuela el café recién hecho. Con mucho cuidado de no quemarme, bajaba los cuatro pisos con escaleras de madera, la llamaba a gritos y desde la acera contraria ella me guiaba para cruzar la carretera.

Se hizo mayor y " La Flor " paso a otras manos. Pero ya no era lo mismo. Faltaba el espíritu, la esencia del negocio.

Mi güeli acaba de cumplir noventa y tres años. No me reconoce pero me sonríe y me da las gracias cuando la beso. Me mira aunque no es a mí a quien ve, sino una vida pasada. A veces, trato de traspasar sus pupilas, de saber en qué mundo de recuerdos se encuentra. Sé que la visitan, yo no los veo, pero están ahí. Esperando para ayudarla en el largo camino. Me gustaría espantarlos, pero no sé cómo.

Es una vela que agota su cera. La llama permanece fluctuante. Es débil pero continua ardiendo. Sé que un día, hoy, mañana o dentro de unas semanas, se apagará. ¿Qué voy a hacer? Es mi güelina.

. No sé si me oye, si me entiende pero me acuesto a su lado en la cama, la abrazo y mientras los recuerdos caen de mis ojos sobre su rostro le dijo: abuela te quiero mucho, ¿lo sabes?

El otro día me cogió una mano y comenzó a besármela.

La quiero tanto...

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Susana Álvarez © 2005