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MARIAN KEYES

«La risa nos salva la vida »

Sus novelas sobre mujeres al borde de un ataque de nervios se venden a miles en todo el mundo. Se llama Marian Keyes y en España batió marcas de ventas con Sushi para principiantes, una suculenta novela sobre periodismo, amores y desamores en Dublín. Keyes concedió en exclusiva a LA NUEVA ESPAÑA la siguiente entrevista.

-¿Trabajar en un despacho de contables fue suma o resta?

-Cuando trabajaba allí tuve la sensacion de que restaba. Ahora comprendo que todas las experiencias, por desagradables que sean vienen a sumar. Al menos, aprendí que es lo que no me gustaba, lo cual es tan importante como saber que es lo que te gusta. Sé lo que es vivir una vida de tranquila desesperación, lo cual resulta muy útil cuando se desea escribir acerca de lo que se siente al estar atrapada o sin esperanza.

-¿Escribir es una droga?

-Escribir es trabajar, lo cual quiere decir que me resulta difícil empezar cada mañana y cuando he estado alejada durante mucho tiempo por estar de gira, resulta tremendo empezar de nuevo. Pero siempre que concluyo un libro me queda un espacio para el vacío y mi cabeza comienza a llenarse de ideas para un nuevo personaje y cuando me despierto en mitad de la noche empiezo a formar frases hermosas y pienso que no me queda otra alternativa salvo escribirlas...

Hacerse mayor

-¿Se siente cómoda en sus zapatos?

-¿Es una pregunta simbólica acerca de cuán feliz soy en mi vida? ¿O una pregunta verdadera? Si es la último, he de decir que no, que mis zapatos no me aprietan porque tengo unos pies ridiculamente pequeños y no consigo zapatos que me vayan bien y he de usar plantillas. Si se trata de mi vida, te diré que me siento a gusto, mucho más de lo que solía. Digo yo que tendrá que ver con eso de hacerse mayor.

-¿Qué ingredientes le gustan para cocinar una novela?

-Jamás escribiré sin humor. En segundo lugar, he de tener un personaje/es que de veras me guste pero no en demasía; no pueden llegar a ser irritantemente perfectos, han de ser humanos, lo cual quiere decir que han de tener defectos. Después, me gusta tener un un tema interesante que resulte relevante a las mujeres postfeministas, esto es lo que hace que el libro resulte interesante para escribir y me sentiría aburrida y de algúun modo engañando a mis lectores si no tuviera ese tema tan oscuro, tan central. Después, ¡¡¡los hombres!!! los buenos, los malos, los sexy. Por último, los zapatos. O bolsos de mano, o lápiz de labios. Algo mono...

-¿Detrás de la comedia siempre acecha el drama?

-En mis libros, desde luego. La comedia y la oscuridad van de la mano en mi caso. Si escribo sobre algo doloroso, necesito animarme a mi misma no sea que me deje caer en los brazos de la desesperanza. Y si escribo algo cómico necesito algo auténtico y lleno de energía para que resulte interesante. La comedia es un mecanismo de superviviencia impagable, reimos cuando estamos desesperanzados y eso nos salva la vida.

Un viaje sin final

-Sus personajes se buscan a sí mismos. ¿Y usted?

-Es como un viaje, ¿no crees? Nunca llegamos al final. Al menos, ahora sé que me encuentro en la senda correcta y la ascensión no es tan ardua como solía ser. Pero no me conformo del todo por naturaleza. ¿Hay alguien que lo haga? Todo tiene que ver con el progreso y yo creo que he progresado.

-¿Es injusto que se compare sus novelas con Bridget Jones?

-A mí me encantó Bridget Jones y de algún modo no me sorprendió que compararan nuestros libros porque hay parecidos superficiales: mujer joven urbanita preocupada por su imagen y por hallar un hombre. Sin embargo, sí que creo que mis libros son más profundos que Bridget Jones y me entristece que no siempre se reconozca. Pero así es la vida, ¿qué le vamos a hacer? Vivimos en un mundo imperfecto y de hecho no tengo motivos de queja...

-¿Su última carcajada?

-Río mucho. Mi marido me hace reir (de un modo sano). Mi madre también. No recuerdo la ocasión más reciente, es como si ocurriera constantemente.

-¿Qué la hace llorar?

-Apenas lloro. Resulta extraño y no sé el motivo. Ello no quiere decir que no me sienta triste pero no me sale expresarlo con lágrimas. Sólo lloro cuando estoy ovulando y lloro de ira, no de tristeza.

-¿Se hace amiga de sus personajes o es su enemiga?

-Oh, me encantan, y odio dejarles y cuando empiezo un nuevo libro me siento culpable por escribir acerca de gente nueva y dejar de lado a los anteriores.

-¿Cuándo dejó de preocuparse por lo que dijeran de usted?

-¿He hecho eso? Ja, ja, es broma. Tuve que dejar de preocuparme cuando estaba en el ojo público y leía las críticas sobre mis libros. Al principio, me venía abajo cuando alguien decía algo negativo acerca de mí y me hacía tanto daño que me daba cuenta que no quería vivir mi vida de ese modo: horrorizada ante tener que leer cosas negativas acerca de mí. Me llevó años madurar e incluso hoy, si me pillan con la guardia bajada, me pueden llegar a hacer daño.

-¿La seduce el glamour?

-No. Ya tenía mis años y había pasado por muchas cosas antes de que me publicaran algo como para dejarme embelesar. Había aprendido por las duras que las cosas que de veras importan en la vida son la familia, el amor, reir, no acudir a fiestas horrorosas con gente horrorosa a la espera de que publiquen mi foto en la prensa. Eso no quita para que cuando estoy de gira y me hospedo en hermosos hoteles sea feliz.

-¿Su habilidad para los diálogos le cuesta mucho?

-El dialogo es lo más fácil para mí. La parte descriptiva a la hora de escribir me cuesta más y es algo que he de mejorar.

-Ahora con 40 años, ¿crecerán sus personajes?

-Ellos han ido envejeciendo paulatinamente y así van a seguir ya que quiero escribir de manera convincente acerca de ellos. Sin embargo, debo ser muy inmadura, no hay modo que pueda escribir acerca de cuarentones aún.

-¿Sería capaz de darle el protagonismo a un hombre?

-No. De ningún modo. Yo comprendo a las mujeres de un modo que jamás llegaré a comprender a los hombres. No me gusta hacer las cosas de manera imperfecta. De no poder escribir una novela acerca de un hombre del mismo modo y con la misma convicción con la que escribo acerca de las mujeres (y sé que no puedo), entonces ni siquiera lo intento. Soy mucho de "o todo o nada" en todo momento, soy una perfeccionista y prefiero no hacerlo a hacerlo mal.

-¿Todos los hombres son iguales?

-¡Que va! Los hay arteros, infieles, mentirosos, niños inmaduros; otros son realmente encantadores.

-¿La asusta ser una «guía» para muchas lectoras?

-Sí. Por no tener todas las respuestas. Sólo puedo contar lo que me ha pasado a mí y como yo y mi vida han cambiado, pero ello no me da el derecho de dar consejo.

-¿Tiene ángel de la guarda?

-No sé si lo tengo. De hecho me encanta pensar que lo puedo tener pero a) habría de ser una ángel y b) tengo mis dudas acerca de la iconografía Católica.

-¿Se considera una principiante como escritora?

-Sí, siempre espero mejorar con cada libro.

-¿Le gusta mezclar sabores?

-Sí, me gustan los distintos sabores, los que sorprenden, los que son dulces y los que satisfacen el hambre.

-¿Su pesadilla favorita?

-¿La peor? Que alguien que quiera desaparezca. Eso sería horroroso.

-¿La soledad del acto de escribir la asusta?

-No me asusta en absoluto. Pero a veces sería estupendo tener a alguien con quien comentar ideas, compartir la pesada tarea, pero creo que no me gustaría compartir el proceso creativo así que estoy contenta.

-¿Escribir es una forma de viajar sin salir de casa?

-No del todo. A veces cuando me acuesto con folletos de vacaciones, el mero hecho de leerlos ya se asemeja a viajar sin salir de casa.

-¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

-¿Quién? ¿Los hombres? Puede que porque les guste el sexo y piensen que las mujeres no lo van a dar si no hay un compromiso de amor, ¡¡y puede que estén equivocados!!

-¿Le cambia el estado del humor cuando escribe?

-Sí, a la fuerza. Me he convertido en una actriz preparándose para representar su papel, he de «formar» parte de lo que escribo asi que por supuesto, mi humor puede variar por completo.

-¿Escribir es una forma de retrasar el envejecimiento?

-Puede, un poco. Pero no de manera permanente.

-Si hubiera nacido hombre, ¿qué pensaría de usted?

-De ser un hombre ilustrado y muy seguro de sí mismo, creo que disfrutaría leyendo mis libros y agradecería la perspectiva que me ofrecen acerca de las mujeres. Pero de ser un hombre asustadizo y estúpido, respondería con mofa para esconder el temor.

-¿Cuáles son sus hábitos?

-De lunes a viernes con los fines de semana libres; empiezo en cuanto me despierto (escribo en la cama con mi ordenador portátil) y paro cuando me agoto. Solía poder escribir durante 8 horas al día pero enfermé al comenzar el año y aún no estoy del todo bien, así que en estos momentos tan solo cuatro horas, pero cuando estoy de gira ¡¡no hay horas!!

-¿Se expone o esconderse?

-¡Exponerse, exponerse! ¡Del todo! Doy a conocer mis secretos, algunos de ellos vergonzosos, con la esperanza que la gente vaya y diga: ¡¡menos mal!, qué contento estoy al saber que no soy el único que piensa de este modo.

-Dígame algo de usted que no sepa nadie. Guardaré el secreto.

-No me gustan las fresas.

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Tino Pertierra © 2005