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COSAS DE PULPOS

YO TENIA UN NOVIO

“♪. ♫ .Yo tenía un novio que tocaba en un conjunto beat…oh yeah.. ♪  ♫  le llevaba las baquetas en un bolso gris, sí, sí, sí…. ♪. ♫….”
«Sí, sí,  sí…. Sí, hay canciones, que son como las cuentas de ahorro de los bancos,  o como las cajas de seguridad. No atesoran dinero, ni joyas, ni documentos, ni objetos a los  que hayamos puesto la etiqueta de preciados.  Simplemente, almacenan pedazos de nuestra vida que, de alguna manera, quedaron atrapados para siempre entre sus notas, sin que nosotros podamos hacer nada por evitarlo.
 “♪. ♫….sus amigos me querían, ….♪  ♫….. y mi novio me quería, .♪  ♫….. le ayudaba a cargar en el furgón la batería ….. Yo tenía un novio ……. ♪  ♫ ” 
«Que tocaba en un conjunto.... Sí…, ésta, es una de esas canciones,  en cuanto escucho un par de acordes me traslado en el tiempo y,  una sonrisa de satisfacción se dibuja en mi cara. No porque yo tuviera un flirteo con un  músico que colmara todas mis aspiraciones, ¡no..!. Yo nunca tuve un novio tocador de nada, esa era mi amiga Laura. ¡Claro que… lo de amiga! Quizás sea  un título que le fue quedando un poco grande.
Laura y yo, nos hicimos pareja de hecho en el parvulario, más que por afinidad por necesidad, había que hacer frente común contra aquella vorágine de monstruitos, dispuestos a partirte la cara por la pieza de construcción que acababas de coger.
Como todas las parejas, incluso las que son interesadas como la nuestra, tuvimos nuestro momento álgido del idilio y, lógicamente, nos juramos amistad eterna y todas esas tonterías de niñas fantasiosas, pero con el tiempo, en toda pareja  y, la nuestra no iba a ser menos, la pasión se enfría. Así que una vez que superamos la infancia y nos convertimos en insoportables adolescentes, Laura que era bastante más precoz que yo para todo, comenzó a ser amiga a tiempo parcial, es decir, en los recreos. Momento que aprovechaba para relatarme lo enamorada que estaba del chico de la semana…y lo mucho que éste, a su vez, bebía los vientos por ella. Los años pasaron y abandonamos la adolescencia y también los recreos, yo me hice peluquera y, mientras tanto, Laura,  se hizo todo un doctorado en novios.  Yo también podría haberlo hecho, eso sí, en novios ajenos. Dejamos de vernos en el recreo y comenzamos a vernos en la peluquería, Laura en el papel de  clienta insolente, y yo, en el de despiojadora oficial, a título gratuito, ella no tenía dudas acerca  de lo feo, además de violento, que resultaba  lucrarse con los  amigos, por eso siempre se curó  en salud  y, nunca hizo el menor amago por abonar la factura.
Durante un tiempo, la peluquería sustituyó al recreo, pero un día, su última conquista, un guitarrista de talento desaprovechado en “Juan y los Trotamundos”, orquesta especializada en bodas y verbenas, recibió una oferta para  irse a la Capital del Reino, donde le brindaron la oportunidad de  inscribir su nombre en la lista de estrellas. Por supuesto, quería que  Laura le acompañara,  y así me lo hizo saber al despedirse con un:

- A partir de ahora, sólo me verás en las revistas, comprenderás, que aunque vuelva por aquí, no podré frecuentar una peluquería de barrio….

- ¡comprendo, comprendo…! -le dije-

“♪. ♫….Y una chica guapa y rica, rubia de peluquería, se olvidó de todo el cariño que yo le tenía,  n ana n ana nana n ana na na nana….  ♪  ♫ ” 
  «Se olvidó de todo el cariño….. Sí, el guitarrista  tardó muy poco en olvidarse de Laura, ¡como era de esperar!, dicho sea de paso. Pero yo nunca olvidaré esta canción, que, ¡ironías de la vida, supongo!, fue a sonar en el  hilo musical, justo, cuando  Laura había reaparecido por la peluquería, vendiéndome el grandísimo  favor de dejarse atusar la melena por mí. Las notas resultaron ser saetas envenenadas y, antes de la segunda estrofa, Laura naufragaba en su propio mar. Necesitaba  un salvavidas, y yo, por supuesto, se lo lancé. No lo dudé ni un segundo,  al tiempo que esgrimía mi mejor sonrisa le entregué la factura. Entre  perpleja y ahogada, me regaló una  mirada inquisitiva. Y yo no pude por menos que responderle en tono de profunda satisfacción:
« ¡Como comprenderás… no todas tenemos la suerte de tener un novio que nos saque del barrio .….!
Abonó la cuenta  sin decir nada, mientras que  la canción continuaba haciendo mella en la herida. Después se fue, tragando más agua de la que suele ser recomendable para la salud. Y nunca más volvimos a vernos, o sí ¿quién sabe..?. En cualquier caso,  yo lo hago con alguna dosis de complacencia,  siempre que escucho esta canción. “♪. ♫….Sí, sí… oh,  yeah … ♪  ♫ ” 

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Ana Pérez © 2007