Desde aquí abajo
David Fernández García

Yas entre amigos
Yasmina Suárez González

Aquí Ribono
Emilio Fernández García


Rarezas
María Antonia Goás

Susa Caústica
Susana Álvarez


El Mirador
José Feito

Cosas de pulpos
Ana Pérez

Menudo Cuento
César Fernández


El hombre tranquilo
José Luis Santos

Signos del Alma
Roxana Herrero


Alma de poeta
Matilde Suárez


 
Escaparate
por Ana Pérez


De cine
por José Luis Santos

Sin más palabras II
por Pilar Castañón

Links

Contacto

Webmaster


------------------------------------
Números publicados
------------------------------------

Hemeroteca

 
 


DESDE AQUI ABAJO

 ¿SABES LEER?

Hace cuatro días dormías en los portales y hoy pretendes darnos lecciones a los demás. Profeta de alcantarilla refugiado en su pasado. Trasladas tu patética experiencia a todos los humanos que conoces. Pero en realidad sólo te sigues importando tú. Si no te creyeras tan imprescindible para el mundo, bajarías la voz al lanzar tu mensaje. Si fuera realmente importante, nos acercaríamos a ti, sin necesidad de vocear. Eres un feriante con delirios de grandeza, pero tu cara te delata, tu mirada de cabrón, el andar descompuesto, los espacios entre dientes… sigues siendo un yonqui con el pelo lleno de grasa. No hay más. Tus neuronas hace tiempo que se rindieron. No insistas.
Eres un dictador sin pueblo sumiso. Un idiota con cinco fieles tan cobardes que no se atreven ni a tragar la comida de sus bocas cuando hablas. Vaya ejército, Napoleón.
Si hubieras sido ese profeta que te crees, estarías muerto, o al menos seguirías siendo el mejor amigo de tu camello. Pero no, después de muchos litros de metadona has descubierto el buen camino. Deberías hacerte político o guardia civil eso sí que sería un éxito de verdad, y una forma de devolverle a tu madre todo lo que le quitaste. En cuanto a tu padre, no sé lo que pensaría antes de suicidarse. Tal vez “primero yonqui y ahora madero”
En el primer caso los escenarios desde donde lanzar el mensaje garantizan que los fieles se multipliquen. Y lo que es mejor, no tendrías que dejar de decir idioteces. Es más, en ocasiones, tus asesores te dictarían textos aún más ridículos que los tuyos propios.
La segunda opción… uniforme, pistola, sirenas. Y todo lo puedes usar sin problemas. Por cierto, hay algún cuerpo que realiza la instrucción ¡a caballo! Que te parece, menudos recuerdos, ¿eh?
Tú dirás, pero yo te veo más con la primera. Ganan más, el vestuario es variado, tienes chófer, puedes cambiar de partido y no pasa nada...
Son dos opciones, pero hay más. No te puedes limitar al comedor de un bar de menú. Los que allí acudimos queremos comer. Nuestras aspiraciones no van a más. Eso debe ser frustrante para un ser superior como tú. Saber que tus voces suenan como ruidos en cerebros que sólo piensan en masticar bien la comida para no atragantarse. Te oímos pero no te escuchamos. Decídete y da el salto, hombre, déjanos seguir pastando en nuestra hierba de ignorancia.

Hoy he comprado una pistola. No tengo licencia pero sí un amigo con varias. No quieres bajar la voz y yo necesito comer tranquilo. No respetas a los demás y te daré la oportunidad de recapacitar sobre ello en un hospital durante unas semanas. No quiero matarte, aunque no me importa que te mueras. Sólo pretendo que me dejes comer en paz. 

---------------------------------------------------

David Fernández © 2007