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SIN MAS PALABRAS ...
(PRIMERA PARTE)
1- Extraviada musa mía
Mis versos fueron para ti,
musa de mi piel,
dios de mi nostalgia.
Con ellas perseguí
la sombra de tus sueños.
Mis blancas palabras
se deslizaban sobre tu torso,
senda de rocío,
acariciando tu corazón.
Pero he perdido,
la mirada de ángel
que me observaba
desde el incierto horizonte
en el que navegué,
rumbo a ninguna parte,
sin ninguna razón.
Ya no hay más infinito
para mí.
¿Dónde estás?
No te reconozco.
Y tú, ¿dónde me tienes?
No puedes verme.
2- Ausencia
Tan acostumbrada
a soñarte, estoy,
que enmudezco
en tu presencia.
Es más irreal
que tu ausencia.
Me basta con recordarte.
Recordar cómo me tocas,
de lejos,
cómo me miras,
siempre de lejos.
Eres,
espectral crepúsculo
que habita en mi cabeza.
Y me asustan
tu cuerpo
tus manos
tu lengua.
Tocarte me da miedo
porque te desvaneces.
Como cortina,
humo,
que se espantara
con el aire.
Me quedan
tu olor
embriagándose con el mío.
Tu sabor
destilándose sobre el mío.
Y tu ausencia.
3- De nuevo algunas palabras
Hace tanto tiempo ya
que no te escribo
que no recuerdo las palabras.
Tan sólo un gesto breve,
un desasosiego,
recorriéndome el estómago,
un vértigo en la piel,
un escalofrío,
entre los dedos de las manos.
Sé que no eres real,
por eso estas palabras
son tan inútiles
como cualquiera de las anteriores,
como las que están por venir.
Pero han visto la luz, hoy,
y no seré yo quien las conduzca
al hemisferio norte del cerebro.
Para eso, está el destino.
No he pensado en escribirte,
fue un impulso.
Será un error.
Habrá sido el hastío del abandono,
o casualidad,
resignación,
¿cariño, tal vez?
... qué sé yo y ¡qué me importa!
Me han pillado, desprevenida,
desnuda ante el espejo
esta mañana.
Unas pocas.
Me sentí indefensa ante ellas.
Y las dejé ahí, impúdicas,
en el vaho húmedo, cálido y pegajoso,
de las paredes del cuarto de baño.
Hasta que encontraron mejor refugio
entre mis pechos, entre mis piernas,
en un trozo de recuerdo.
Una rebelión a bordo,
tu cuerpo insurrecto,
invadió mi puerto,
sitiando mis sentidos
hasta la rendición.
No visten mayor importancia,
apenas significan, siquiera,
ni trascenderán,
pues a-duras-penas las leerá alguien
que no sabrá jamás quién fue
el bárbaro corsario
que me las insufló al oído,
sin emitir más sonido,
que un suspiro fugitivo.
Ni siquiera tú mismo.
Pero... te deseo y te extraño.
Sólo eran esas.
¡Palabras tan usadas y gastadas!
Aún así,
y ahora,
te deseo y te extraño.
4- Me muero
No ya por tus ojos;
mirada de océano
que anega mis pulmones,
ahogando la razón
de mi existencia.
No ya por tu aliento;
azufre sobre mi sexo,
que condena mis entrañas
al infierno del delirio.
Me muero;
No ya por tus manos;
invisible laberinto de caricias
derramado por mi cuerpo,
desierto de olvido.
No ya por tus besos;
musa de mis labios,
mudos, sordos, ciegos;
inútil acantilado al que no baña
ya ninguna ola.
Me muero;
Porque ya no me pertenecen
esas palabras.
Porque ellas ya no te poseen.
5- Imágenes
L’oiseauqui chante dansma tête.
(Lidia Puyol)
Tú eres ese pájaro
que canta en mi cabeza.
¡Amargo e inescrutable destino!
¡Pensar que,
un día,
por la mañana,
tendré que matarte,
mi hermoso pájaro!
¡Cruel e irrevocable sino!
¡Pensar que,
un día,
por la mañana,
tendrán que cortarme
la cabeza!
6- No es que no quiera
No es que no quiera escribirte más
Es que no debo...
trazarte
No es que no quiera besarte más
Es que no debo...
mimarte
No es que no quiera abrazarte más
Es que no debo...
envolverte
No es que no quiera hablarte, cantarte o bailarte más
Es que no debo...
declamarte, vocalizarte ni trenzarte
No es que no quiera regalarte más flores
Es que no debo...
sembrarte
No es que no quiera acariciarte más
Es que no debo...
seducirte
No es que no quiera mirarte más
Es que no debo...
descubrirte
No debo amarte más.
Tan sólo...
olvidarte
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Pilar Castañón © 2006
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