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YAS ENTRE AMIGOS

CURSO DE INTELIGENCIA EMOCIONAL

Curso de Inteligencia emocional. Aprende a canalizar tus emociones y a potenciar tu capacidad de comunicación.

Este era el título del último curso al que me apunté siguiendo mi tendencia a realizar cursos inútiles, carísimos, que me restan muchísimo tiempo y de los que nunca saco nada nuevo. Siempre salgo pensando:  este curso será el último que haga. Pero como de  todas las promesas que me  hago a mí misma, no cumplo ni una... Recuerdo que una vez me prometí no volver a enamorarme de hombres que pudieran hacerme daño, aunque también me prometí no volver a comer chocolate negro y sigo haciéndolo. El daño es más o menos el mismo, ellos me rompen el corazón y el chocolate me rompe las cremalleras de los pantalones.

De todas formas el título del curso me resultó atractivo, luego resultó que su utilidad era inversamente proporcional a su precio. Pero en aquel momento en que mis emociones controlaban mi vida en vez de controlarlas yo a ellas y que además parecía que nadie entendía lo que “comunicaba” creí necesario hacerlo.

Así que llegué a la clase, entré me senté y a los cinco minutos me di cuenta de que una vez más me había equivocado, nada raro en mí, por otra parte.

La profesora, a la que solo le faltaba levitar, era una mezcla entre Harry Potter, Michael Jackson y la Barbie. Cuando llegó se presentó y  dijo: “Tenéis que ir diciendo vuestro nombre, a qué os dedicáis, por qué estáis aquí y que esperáis de este curso”. Supongo que todo esto era por lo de potenciar la comunicación.

Tras escuchar, amodorrada y sin mucho interés los motivos del resto de “aburridos” que estaban allí, llegó mi turno:

-Me llamo Lucía, tengo 35 años y aún me pregunto qué narices hago aquí un Sábado por la tarde. Creo, no, más bien afirmo, que conmigo tendrá que esforzarse mucho, porque por un lado, mi problema es que siempre digo lo que pienso lo que se supone que ocurre  porque no sé controlar mis emociones y por otro lado  nadie entiende lo que digo, y ahí entra mi problema de comunicación. Mire, le pondré un ejemplo.

-No, no hace falta-dijo la profesora-eso lo haremos  en la sesión de mañana.

-No, eso lo haremos hoy, porque no me he dejado aquí la mitad de mi sueldo, para que usted me diga ahora que no puedo hablar cuando de lo que se trata es de potenciar la comunicación, así que pondré un ejemplo ahora. Por cierto  ¿con lo que nos cobra por el curso, no podría arreglarse usted el pelo?

-Como usted quiera-contestó la Barbie Potter.

- No, como quiera usted, el pelo es suyo, pero lo tiene fatal, fatal. En fin, comencemos.

 Cuando voy a la frutería le digo al frutero: - Póngame peras, un kilo, ni grandes, ni pequeñas, ni maduras, ni verdes. A ver, ¿qué es lo que no entiende? ¿por qué mete en la bolsa las peras que no quiere nadie? Por lo tanto no me queda otra que decirle: Monín, la fruta que quieras tirar se la das a tu padre, a mí dame unas peras en condiciones. ¿Quiere otro ejemplo? Se lo daré. Voy a la peluquería, le digo a la peluquera, quiero recortarme las puntas y ponerme mechas más bien oscuras. ¿Qué entiende por cortar las puntas? ¿Dejarme con una melena que de melena ya no tiene nada? ¿Y por mechas oscuras? ¿Dejarme el pelo como un estropajo? Más o menos como el suyo, para que se haga una idea.

-Lucía, creo que ya nos ha quedado claro su problema de comunicación.

-No creo y no me interrumpa. Seguiré con mis ejemplos. A ver, ¿qué es lo que no entendió la peliteñida que está sentada en la 4º fila intentando esconderse? ¿Qué Javi era mi novio? ¿Qué íbamos a casarnos en 3 meses cuando decidió liarse con él? Claro que tampoco recordó que era mi mejor amiga. Supongo que no supe “comunicarle“ correctamente que era mi prometido. Y tampoco supe controlar mis emociones cuando envié un mail a su empresa comunicando que estaba liada con el Director y que sus tetas no eran de ella, eran mías, no, no estoy diciendo nada extraño, eran mías puesto que Javi se las había regalado en su cumpleaños con el dinero que teníamos en nuestra cuenta conjunta. Creo que ahí el problema radica en que no supe controlar mis emociones.¿Verdad?

-Lucía, ya está bien. La voz que me increpaba, no era la de Barbie Potter, era la de Javi, rojo como un tomate. Estaba sentado al lado de la Peliteñida.

-Hombre, Javi, ¿qué tal?

-Creo que ya has hecho bastante el ridículo, ¿no crees?

-No, aún me queda el último ejemplo. ¿Qué fue lo que no entendiste cuando te dije: Como me engañes te acordarás de mí? ¿Tan poco clara fui que a los dos días te encontré en nuestra cama  con mi mejor amiga? Por cierto, cómo has engordado ¿no?

-Sí, lo sé, te engañé, pero tú luego me rajaste las ruedas del coche, llamaste a todos nuestros amigos diciendo que había muerto en un accidente, no veas el susto que se llevó mi madre, te liaste con mi hermano y para rematar la faena alquilaste un piso justo encima del mío, con el único fin de hacerme la vida imposible.

-Bueno señores, creo que esto ha pasado de castaño a oscuro. Lo mejor es que abandonen la sala y solucionen sus problemas en privado-Barbie Potter se había cabreado, estaba gritando, nos estaba expulsando del curso.

-Ya sabía yo que este curso era un timo.

-Pero qué está usted diciendo- chillaba Barbie Potter.

-Pues lo que oye, nos cobra 500 € por venir aquí dos días, no explica nada, tiene un pelo horroroso, grita, chilla, está roja de rabia y encima  ¿pretende hacerme creer que usted va a enseñarme a canalizar mis emociones y potenciar mi comunicación? Esto es un timo. Me voy a denunciarla a la oficina del consumidor.

Antes de abrir la puerta y salir del aula me giré.

-Javi, cielo, llama al seguro.

-¿Por qué?

-Tienes el piso inundado.

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Yasmina Suárez © 2006