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UNA BROMA

Si esto es una broma indudablemente es una broma pesada, que no entiendo. Y soy viejo.

El caso es que uno va viendo pasar tantas cosas por delante hasta que otros le ven pasar a uno. Y eso no tiene gracia. O yo no la veo.

El final llamado muerte no es sino la culminación de la gran broma. Nada más que la muerte es humor negro (sin connotaciones raciales). Pero para que la broma sea completa uno tiene que tomarse en serio la vida, sino colaboramos, ¿quién se reiría? La vida tiene que ser una complicidad de ese alguien con nosotros para que sea realmente divertida, ¿sino qué gracia tiene morir sin
tratar de vivir?

SE APAGAN LAS LUCES

Se apagan las luces, nos rodean las tinieblas. La sala, las butacas, todos quedamos sumidos en la oscuridad. Una pantalla iluminada concentra nuestra atención. Durante una hora y media o dos horas la ficción que se proyecta en
la pantalla se vestirá con las cualidades de la realidad, nuestra realidad, la de que estamos sentados en la oscuridad y que se difuminará en nuestra conciencia.

Esa misma noche, y de vuelta a casa, apagaré la luz, cerraré los ojos, e intentaré dormir. Pero no, no podré, el mundo exterior habrá desaparecido.

Sí, efectivamente era ficción, la realidad es otra. Estoy triste, la verdad no sé porqué, pero lo estoy. Me cansa esta tristeza, esta realidad. Pero, ¿cómo me ha venido si estaba feliz? ¿En qué consiste este malestar? ¿De dónde salió? No lo vi llegar, no tengo motivos. Lo ignoro. Con lo feliz que estaba después de contagiarme de la felicidad ahora tan torpe me vuelve la realidad, el desánimo. ¿Por qué no me reconozco? ¿Quién soy yo?

Aparentemente yo, como sujeto, también hubiera preferido desaparecer con la película; pero no. Confiaba que en el transcurso de la noche soñaría; pero no.

Hoy me toca repetir. Hoy me toca ser yo mismo, pero ¿hasta cuando?

QUE DIOS NOS PERDONE

Eso ya lo sabemos todos, no es un secreto, el mundo cambió para mal, pero ¿quién es el culpable? Que levante la mano el culpable... ¡Oh sorpresa!, todos levantamos la mano. Pero, si fuimos todos ¿por qué lo cambiamos?

Dicen que antes había una vida dulce y pacífica. La virtud era popular y el mundo era inocente y devoto, pero alguien metió la mano y cometió el pecado original, y ahora resulta que el pecado es general y nada original. Pero hay algo todavía peor, nos pusimos a menear las cosas y hacer ciencia, y el átomo que estaba tranquilo lo liberamos y lo soltamos por ahí, y ahora anda armado jaleo y es un criminal peligroso capaz de armar cualquier catástrofe.
Antes la ciencia servía al hombre, hoy sirve al dueño. Antes el átomo era un misterio, ahora es una calamidad, una pesadilla; y así se inventó el terror que antes era un miedo animal y personal, y ahora es un miedo mundial. Ya se
sabe, no fue un cambio, fue sencillamente una mutación, y los genes buenos del mundo no los cambiaron, sencillamente los mutaron.

Sí, ya sé, todas las cosas se han vuelto patas arriba: uno inventó la guerra y nadie inventó la paz. Una mujer que pecó, ahora es juez; los pecadores son culpables, y el oro que antes dormía escondido ahora nos gobierna; e inventamos el pensar, y las ideas mutaron, se trastornaron en doctrinas; y buscamos los fundamentos del hombre y ahora éstos son peligrosos fundamentalismos; y las ideas enfermaron y se pusieron virulentas, y ahora
se llaman doctrinas, y hay religiones armadas. Ahora las ideas andan con un fusil al hombro.

Y alguien dijo... "dejen las cosas quietas, no alteren la naturaleza, no se metan con ella, con su ecología y con su ozono; por favor, no maten la primavera, déjenla florecer inocentemente, ni toquen los girasoles, alguien vendrá a pintarlos; no ensucien su agua, sus ríos, sus seres, no contaminen las ideas sencillas que eran buenas y ahora están dañadas y sucias".

¿Saben ustedes dónde se limpian y enjuagan las ideas, las ideologías y los fundamentalismos?

LAS VÍCTIMAS

Pareciera ser que lo propiamente humano se encuentra en el victimario, donde reposan todas las miradas de ira, de repugnancia, y a veces de compasión o pena.

Cada vez, con mayor frecuencia, nuestro contacto con la realidad es a través de las imágenes que la televisión propaga. Un marido ido que mata a martillazos a su esposa, unos padres malditos que ahogan a su hijo, etcétera. Sin mala conciencia, sin sentimiento de culpa por los crímenes
cometidos. Y el caso es que los vemos días después por la televisión esposados, cabizbajos, atemorizados e incluso llorando.
¿Podremos ingresar en el corazón de una persona que maltrata, humilla y asesina a su familia, o seres humanos como él? Los hechos existen, y son indiscutibles. ¿Pero, cuáles son entonces las razones que explicarían sus actos?

Se entendería una novela con un argumento de crimen sin sentido. Y no.

Las imágenes de la televisión coloca cerca a estos asesinos, ¿los humaniza? Hemos visto sus gestos, sentido sus nervios, la pesadumbre de sus hombros, el colapso de sus piernas...

Pero lo sorprendente es que la gente no acostumbra identificarse con la víctima. La víctima está encerrada en esas bolsas negras o está arrojada al río del olvido. Por lo general, no salen en las imágenes de la televisión.
Pareciera ser que lo propiamente humano se encuentra en el victimario, donde reposan todas las miradas de ira, de repugnancia, a veces de compasión o pena. Parece que la víctima es solamente un pretexto.

¿Cómo mirarán las víctimas desde la otra orilla a sus asesinos humanizados una vez detenidos?

IDOS Y REPUDIADOS

En nuestra sociedad viven unos seres ocultos aparentemente insatisfactorios que viven en situaciones difíciles de concebir. Los hay que creen que habitan en el vacío, pero poco se sabe de ellos, salvo que proveyeron a profesionales de la salud de una buena controversia, tal es, que aún hoy en día siguen controvertidos con el llamado trastorno maligno.

Este trastorno maligno, era antaño más frecuente que ahora. Los médicos hablan de uno diferente cada día de la semana y los domingos cuando se reúnen todos para festejar el día del señor, hasta dos. Se les ve a menudo caminando entre las sombras, aunque tarde, temprano, o al final, pero siempre se les excluye impunemente de nuestra sociedad.

Se cuenta que uno de estos seres marginados tuvo que correr por las calles perseguido por un centenar de demonios y psiquiatras con un diferencial de cuarenta a sesenta a favor de los psiquiatras, hasta llegar a campo abierto,
donde dio un brinco más alto que el campanario de la iglesia y tuvo que escapar volando convertido en pájaro.

Cada día que pasa se acrecienta más el misterio y la controversia para los psiquiatras, y menos para los demonios, mientras tanto, estos seres malignos siguen ocultos y en situación de desesperanza alimentados día a día por desalmados boticarios.

EL DEVORADOR DE MUERTOS

Existe un ser maligno que tiene la censurable costumbre de devorar a los muertos. Su existencia ha sido disputada por muchas personas interesadas en privar al mundo de creencias de fe reconfortantes. Este ser, según versiones, está siempre dispuesto a alimentarse debido a su insaciable voracidad. Algunos lo describen dotado de muchas cabezas y de un número extraordinario de piernas, y hasta dicen que se puede ver en más de un lugar al mismo tiempo. Comentan que hubo un lugar en el tiempo que un osado cazador estuvo a punto de dar alcance a uno de estos seres si no fuera que después de cenar su pesado cuerpo se lo impidió. Otra leyenda de las muchas que relatan su existencia habla de como una cuadrilla de campesinos capturaron a uno cerca de un cementerio y después de encadenarlo y trocearlo lo arrojaron a un bebedero de ganado. El agua se convirtió inmediatamente en sangre. Más tarde se comprobó que el bebedero fue drenado por medio de una zanja para la posterior construcción de un convento carmelita. Otros comentan que en cierta ocasión uno de estos seres fue acorralado en la cripta de una catedral y la población entera rodeó el lugar. Eran veinte hombres armados, con un sacerdote a la cabeza, llevando un crucifijo, entraron y capturaron al maligno ser que ya tenía pensado escapar trasformándose en un conocido ciudadano, lo que impidió que lo ahorcaran y descuartizaran en medio de abominables orgías populares.

Se comenta que el ciudadano cuya forma asumió el ser maligno quedó tan afectado por este siniestro episodio que no volvió a aparecer en el tiempo y su destino aún hoy en día es un misterio.

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Emilio Fernández © 2006