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SUSA CAUSTICA
DE MAYOR QUIERO SER ...
Una de las cuestiones que más me preocupan, ahora que medio la treintena, es saber si he cumplido los objetivos vitales marcados. ¿Soy lo que había programado? ¿Mi vida se parece en algo al plano que dibujé hace ya más de dos décadas? ¿Es mejor? ¿Peor? La respuesta es sencilla. No.
No soy lo que pensaba ser. ¡Gracias Dios! Porque con quince años, una no tiene la suficiente información como para dibujar ese plano vital que llegue a completarse algún día. Este, era ser aburrida. La realidad es mucho más amena y llena de sorpresas. Nada se ha cumplido. Absolutamente nada. No he estudiado medicina. No me he convertido en una reputada pediatra. No tengo tres hijos. No soy rica. No tengo una familia tradicional. No me reúno cada jueves a las siete de la tarde con mis adineradas amigas para divagar sobre los pespuntes que este año se llevan en los trajes de Carolina Herrera.
El proyecto se ha desfigurado de tal forma que soy todo lo que nunca creí llegar a ser. ¡Feliz! Tengo un título universitario debajo de las toallas que no me sirve para nada –Maestra-. Mi vida laboral, como la de más de media España, va dando pequeños tumbos. El reputado pediatra es el de mi hija. De tres vástagos me he quedado en una –que vale por cinco-. No soy rica, tampoco pobre, digamos que me lo paso “pipa” ideando mil y una formas de llegar a final de mes y no morir en el intento. No cumplo el requisito de familia tradicional, pues con la edad me he vuelto muy moderna y me he apuntado al de monoparental. Mis amigas no son adineradas. No nos reunimos los jueves. No hablamos de pespuntes y, Carolina Herrera se ha quedado en un maravilloso escaparate frente al que babeo...
Sí, la vida me ha dado muchas sorpresas. Unas desagradables y otras muy gratificantes. Nunca mi imaginación, por ejemplo, fue capaz de soñar con llegar a ser una aprendiz de escritora. Y aquí estoy. Con descubrir mi capacidad ilimitada para luchar. Y así lo hago. Con poco a poco, pasito a pasito, labrar un futuro para mi hija. Conseguir hacer y ser feliz. Sonreír todos los días. Llorar de tanto en cuando.
Nunca, hace ya más de dos décadas, fui capaz de imaginar que iba a tener una vida tan interesante. Con tantos senderos alrededor del camino principal. Tantas decisiones. Tantos errores. Tantos aciertos.
Y la vida continúa. Miro al horizonte y veo más montañas. Unas empinadas. Otras de pendiente más suave. Nevadas. Cubiertas de primavera. Veo luz. Vislumbro sombras. En definitiva, veo supervivencia.
Y con todo esto, un cosquilleo en la nuca me hace volver la vista. A mi lado, una esperanza a la que le tiendo mi mano. No sé lo que sucederá. Las posibilidades son infinitas. Pero hoy... mis lágrimas y yo hemos decidido darnos una oportunidad.
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Susana Álvarez © 2006
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