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AQUI RIBONO
CARNÉ POR PUNTOS
-¿Está usted cómoda?
-Sí.
-Pues arranque y vaya de frente hasta el próximo semáforo. Y usted, profesor, recuerde que su función es estar al tanto exclusivamente por si la alumna se despista y tiene que frenar o cambiar la dirección del vehículo rápidamente. Nada más. Bien, ahora señora, gire a la derecha y tire de
frente.
-¡Y yo en la tuya! Será idiota el tío, porque va en un BMW ya se cree el amo.
-Cógeme tron, cógeme que te estoy llamando y es importante.
- ¿Sí? ¡ah cariño!, perdona ahora no puedo, estoy ocupada, sí, sí, cariño, pero no puedo hablar, me estoy examinando del carné de conducir. Sí, yo también te quiero, adiós. Perdonen, era mi marido.
-Ahora gire a la izquierda y aparque dónde pueda.
-Uy, perdone, no le vi.
-Tranquila mujer. Bueno, haga el favor de aparcar.
-Ahora sí, ya está.
-Correcto, ahora déjenme calificar. Es un momento, ahora estoy con ustedes.
-Aprobaría, ¿verdad?
-No se impaciente y déjeme hacer el informe. Usted tranquila.
-Cómo vas a aprobar si te has saltado un semáforo, llevabas el brazo en la ventanilla, le diste al coche que estaba estacionado delante al aparcar, atendiste el teléfono circulando y no te pusiste el cinturón de seguridad.
-Es por no fumar, si hubiera fumado un cigarrillo estaría más tranquila y me hubiera salido mejor.
-Ya está.
-Aprobaría, ¿verdad?
-Claro, señora, si ha estado usted a la altura de los conductores mas experimentados.
-Pero, ¿cómo es posible? Yo que estaba preparando los papeles para renovarle otro curso.
-Cómo que renovarle... si lo ha hecho casi perfecto, ¡está aprobada! Lo hizo mejor que la media de los que conducen por este país. Lo dicho, enhorabuena, señora.
-Y ahora les quería pedir un favor. Es mi último examen y vivo a la vuelta de la esquina, ¿les importaría acercarme hasta mi casa?
-Claro, cómo no con lo amable que es usted.
-Ah, le he oído lo del cigarrillo. Fume, fúmese un cigarrillo de la que me lleva hasta casa, si lo hubiera hecho mientras la examinaba le abría puesto un diez. Fue la única falta que tuvo, no ir fumando mientras conducía.
-No, si fue hoy porque me estaba examinando y no sabía si usted... Cuando voy sola o con mi marido siempre voy fumando.
-Pues eso, fume usted. Y la próxima vez que coja el coche ya llevará el carné de conducir.
LAS VÍCTIMAS
Pareciera ser que lo propiamente humano se encuentra en el victimario, donde reposan todas las miradas de ira, de repugnancia, y a veces de compasión o pena.
Cada vez, con mayor frecuencia, nuestro contacto con la realidad es a través de las imágenes que la televisión propaga. Un marido ido que mata a martillazos a su esposa, unos padres malditos que ahogan a su hijo, etcétera. Sin mala conciencia, sin sentimiento de culpa por los crímenes
cometidos. Y el caso es que los vemos días después por la televisión esposados, cabizbajos, atemorizados e incluso llorando.
¿Podremos ingresar en el corazón de una persona que maltrata, humilla y asesina a su familia, o seres humanos como él? Los hechos existen, y son indiscutibles. ¿Pero, cuáles son entonces las razones que explicarían sus actos?
¿Se entendería una novela con un argumento de crimen sin sentido?
Las imágenes de la televisión coloca cerca a estos asesinos, ¿los humaniza? Hemos visto sus gestos, sentido sus nervios, la pesadumbre de sus hombros, el colapso de sus piernas...
Pero lo sorprendente es que la gente no acostumbra a identificarse con la víctima. La víctima está encerrada en esas bolsas negras o es arrojada al río del olvido. Por lo general, no salen en las imágenes de la televisión.
Pareciera ser que lo propiamente humano se encuentra en el victimario, donde reposan todas las miradas de ira, de repugnancia, a veces de compasión o pena. Parece que la víctima es solamente un pretexto.
¿Cómo mirarán las víctimas desde la otra orilla a sus asesinos humanizados una vez detenidos?
NECESITO AYUDA
Quiero manifestar mi negativa a vivir y os lo digo a vosotros, indiferentes de este mundo que vivís embutidos en vuestra bata blanca alejados de nuestra realidad, dejaros de tanto pensar y de investigar y facilitarnos las cosas.
Somos muchos los desesperanzados, queremos morir y solos no podemos.
¿Os parasteis a pensar por qué tantos desahuciados de este mundo no se suicidan? ¿Acaso creéis que es por vuestro favor? Pues no, en mi caso la respuesta es sencilla: "Tengo miedo a sobrevivir". En mi caso, yo no me suicido por esa razón.
Si os parece desde aquí quiero abrir un debate y si alguien me da un remedio fácil para hacerlo sabiendo que realmente moriré, le agradeceré que me lo diga.
-Comparto tu opinión. Por experiencia propia no me apetece volver a intentarlo porque la primera vez me salió mal y las dos veces siguientes lo preparé a conciencia y tampoco. Así que ahora tengo miedo a un nuevo fallo.
Yo también busco la fórmula que acabe con todo sin errores.
-Yo también he intentado suicidarme, la primera sin intención real de morir, y la segunda con verdaderas intenciones, pero fracasé en ambas. Lo intentaría todos los días, si pudiera, pero ante tales expectativas ya no me
apetece.
-Yo lo intenté una vez y fracasé como vosotros. También lo hice sin mucha conciencia de lo que hacía y ahora pienso en ello todos los días, a veces creo que debo conformarme... no sé.
-Hola a todos. Me llamo Esperanza y pienso que estáis equivocados pues a mi no me parece tan difícil suicidarse, por eso creo que lo que más os duele a todos es haber nacido y no saber vivir. Seguro que muchas veces os habéis
preguntado por qué estúpida razón estabais aquí. Y es la búsqueda de la respuesta a esa pregunta la que os mantiene vivos.
No seáis idiotas, algo habrá que aprender o descubrir en vuestro dolor. Y por duro que resulte, estáis vivos y esta vida es una escuela. A algunos os resulta más difícil y angustioso que a otros aprender las lecciones pero,
¿por qué no aprovechar para aprender mientras podáis? La muerte os llegará a todos de todas formas, ¿por qué acelerarla? No creo que sea el suicidio la forma de dejar de sufrir.
Estáis aquí, y creo que habéis elegido vivir -por alguna extraña razón- la vida que tenéis y que de alguna forma tenéis que poder encontrarle un sentido al día a día.
-Para ti parece ser fácil, Esperanza. Pero yo me llamo Emilio.
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Emilio Fernández © 2006
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