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Escaparate José Feito y David Fernández Leo luego existo por Cesár Fernández En la vertical por Pilar Castañón Links Contacto Webmaster ------------------------------------
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EQUÍVOCO “Sola, fané y descangallada”, como dice la letra del tango, llega todos los días de la semana a la misma estación del tren, casi siempre antes del amanecer. El recorrido se me hace largo hasta que la veo, a pesar de que sólo nos separan veinte minutos de trayecto. Su entrada provoca expectación entre los somnolientos pasajeros, tanto en los habituales como en el resto. Llega al andén corriendo y accede al tren después de recoger la falda, casi de cola, para no pisarla. Los flecos del mantón tienen peor suerte. Se enredan en los altísimos tacones de sus zapatos, levanta los pies alternativamente para liberarlos y, aunque la faena no es fácil, consigue soltarlos sin caer, a pesar de que su cuerpo se balancea repetidas veces. Terminado el trajín sonríe como una artista de circo a la que acaban de aplaudir por su arriesgada acrobacia. Se sienta y desenreda uno a uno los flecos con sus manos afiladas, arremolina el mantón sobre su cabeza y lo deja caer sobre los hombros con gracia. El descanso sigue a toda una noche que supongo desvelada. Saca del bolso un pinganillo, lo introduce en un oído y se acomoda en el asiento dispuesta a relajarse con la música. A veces se duerme con la noche retenida en sus ojos. --------------------------------------------------- Mª Antonia Goás Sánchez © 2006
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