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MATÓMELO DUMAS
Pepe Monteserín
Lengua de Trapo, 2006
Recomendaciones.
A los que especulan que al autor le dan mucha propaganda por ser “de la casa” -doble casa, el periódico donde trabaja y la comunidad donde nació- les convendría rumiar sobre los premios que le han concedido, entre otros el Premio Internacional de Novela Francisco Ayala, premio Caja España de Libro de Cuentos, Premio de Ensayo Juan Gil Albert de Valencia... y leer párrafos como éste:
“A veces, el silencio une lo que separan las palabras, compórtase como un abrazo, ayúdanos a explicarnos. Mi esposo Nicolás y yo, cada cual en su mundo, pasábamos de la mano muchas horas sin pronunciar palabra, los dos de acuerdo en todo lo que callábamos; poco necesitaba él de su sordera. Y así dormíamos.”
A los que le incriminan de prolífico, como si la velocidad para escribir le impidiese la ligereza para documentarse adecuadamente e inventar una trama con agudeza, les recomiendo que lean sin prisa esta novela y se recreen en la suavidad como entrevera el tiempo pasado con el actual narrativo. En el ingenio para utilizar símbolos actuales (escribir con un plumín republicano o monárquico) o pasados (el camino equivocado de Ciro para conquistar Babilonia) para configurar la psicología de sus personajes. En la sensibilidad con la que describe los afectos conyugales o maternofiliales, como en el párrafo citado más arriba y la utilización a lo largo –y en los momentos precisos – de la historia de elementos poéticos, tales como las balas luminosas que alumbran la escritura de cartas de amor en vez de descubrir al enemigo o los encuentros siempre en una fase lunar. En la habilidad para mezclar el lenguaje matemático con el hilo narrativo: “Es posible que Evaristo contemplara un árbol de arriba abajo, lo cubicara y calculara el número de zuecos que podían obtenerse de su tronco”. En la ironía con la que desmenuza la creación de Dumas. En la agudeza con la que desprestigia el concepto del honor. Incluso tuvo tiempo para ilustrarse sobre la creación literaria en los momentos críticos antes de la muerte de autores famosos y plasmarlo en un hermoso capítulo.
Lo de menos es el resumen del guión: la biografía de un importante matemático francés en los años bonapartistas y posteriores, realizada por su madre cuando se entera de los verdaderos motivos y actores de la muerte de su hijo.
Por último, a los que en la mesa de la presentación del libro de Pepe, se aburren y se dedican a su propia creación literaria, por favor, no sean mal educados. ¡Vaya ejemplo para sus alumnos!
LA CENA SECRETA
Javier Sierra
Círculo de Lectores, 2004
Millás, en la columna de ayer titulada “Seamos superficiales”, ha expresado con certeza el motivo del éxito de este tipo de libros: “la pasión por los mensajes ocultos se explica desde una fantasía muy común según la cual lo escondido es más interesante que lo manifiesto”.
Al leer este libro, casi 500 años más tarde de que Leonardo da Vinci pintara “La última Cena” con la intención de mostrar a los iniciados su mensaje secreto, podemos sentir la preocupación del poder religioso –católico- en un momento histórico de acoso en varios frentes. Leonardo puso su arte al servicio de una de las consideradas herejías, al igual que determinados poetas o literatos escribían entre líneas en épocas recientes de nuestro pasado.
Javier Sierra nos deleita con una interesante trama alrededor de estos hechos y me recuerda las novelas de John le Carré donde el contexto es real, con unos personajes que también existieron y posiblemente cumplían las funciones que se relatan. Novela negra histórica.
Lo escondido, una vez revelado, no es la fuente luminosa de poderes mágicos –aunque alguno de los protagonistas sí lo cree- sino algo más burdo y tenebroso. Mensajes cifrados utilizados en la lucha por el poder político.
TIRANTE EL BLANCO
Joanot Martorell
Planeta, 2006. Edición castellana del siglo XVI.
Estas mil cien páginas se han escrito entre 1460 y 1466, sin prisa. En estos momentos la Edad Media está terminando, sin pausa. Las órdenes de caballería se formaron 400 años antes para combatir en las cruzadas y sirvieron a sus componentes para subir en el escalafón social de la nobleza, ayudando a consolidar el papel del rey frente a los señores feudales, lentamente. Los juglares mitificaron sus batallas, relataron hechos extraordinarios y los fantasearon poco a poco.
Llegó la imprenta y las antiguas historias se trasmitieron con un ritmo más ágil. Los caballeros se habían aposentado como señores feudales y leyendo estas narraciones quisieron imitar a sus antecesores. Se reiniciaron justas y torneos, duelos en los que se nombraba juez a un rey lejano y llegar hasta él se tardaba varios meses. También aprovechaban los festejos interminables de las bodas reales, hasta un año, para probar su fuerza y habilidad con las armas.
Joanot Martorrel pertenecía a esta generación y noveló la función y el ideal caballeresco de tal forma que 150 años más tarde Cervantes, aunque se burló relatando la caída de estos personajes, elogió “Tirante el Blanco”: “…por su estilo, es éste el mejor libro del mundo: aquí comen los caballeros, y duermen y mueren en sus camas, y hacen testamento antes de su muerte, con estas cosas de que todos los demás libros deste género carecen…”
Las batallas son verosímiles y se ganan por valor, fuerza, astucia, fe en Jesucristo, crueldad si fuese necesario y también perdón si llega el caso. La generosidad capta aliados en su lucha contra el gran turco –objetivo final de la trama- al que derrota librando el cerco de Constantinopla, después de haber conquistado la berbería.
Se supone que Martorell estaba informado de lo contrario cuando terminó de escribir su libro, así que el que acaba muriendo –de una pulmonía- es su héroe cuando iban a desposarlo con la princesa y hacerse cargo del imperio, que permanece.
Los discursos de los personajes –que pueden tener rasgos de personalidad contradictorios- son largos, destinados a un público que se deleita con parsimonia en las disertaciones de las aventuras, detallando las vestimentas, las acciones, las virtudes, las recomendaciones éticas y los sentimientos.
También los sentimientos. El dolor, la ira, la melancolía, la nostalgia y el orgullo se describen con prolijidad, así como la lucha entre el amor casto y el carnal, el celestineo, las malas artes de la celosa y la debilidad y adulterio de una emperatriz con un vasallo que podía ser su nieto.
Oratoria retórica y bella, poética, como el inicio de esta carta de Tirante a su amada: “Ausencia, enemiga de enamorados pensamientos, es aquella que entre tantos enemigos míos se estudia en darme mayor combate…” Metáforas bélicas para describir el ayuntamiento carnal, así el capítulo en el que por fin consigue tener relaciones sexuales con su amada se titula “Cómo Tirante venció la batalla y por fuerza de armas entró el castillo”, y ella es la que habla: “¿Cómo es posible que amor os consiente que hagáys mal a la cosa amada? Deteneos, señor, por vuestra virtud e mucha nobleza. Guardad, señor, que no deven cortar las armas de amor, no da he herir ni llagar la lanza enamorada…”
En el ocio de las vacaciones, con sosiego, remedemos el transcurso del tiempo medieval y disfrutemos de los lances de tan bienaventurados caballeros.
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César Fernández © 2006
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