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DE PATA NEGRA

VACAS Y VAQUEROS

Me embutí, en realidad me enfundé (de manera literal) en unos vaqueros del año anterior que apenas me abrochaban, es lo mismo -pensé- vais a abrochar por cojones. Metí barriga y estómago, contuve la respiración, subí la cremallera con no poca dificultad que hasta una herida me hice en el dedo índice, como si de una faja de loneta azul se tratara. Tiré hacia arriba de la cintura, apunto estuvieron de violarme los dichosos pantalones y me miré al espejo. Por delante bien, a no ser por el estómago que veía comprimido en su celulitis, por detrás aprisionaban suficientemente el culo para hacerlo parecer, al menos, plano, muy requetebién de la rodilla para abajo. De largos, perfectos. Omití la visual de las pantorrillas por el asunto de las cartucheras, en fin, que se le va a hacer, no soy una mujer 90-60-90, pero estoy bien buena: ¿a que sí?, espejito.
Después de pasar con nota esta prenda, salvando la cuestión de que no podía cruzar las piernas sin que se me clavara la tela en mis carnes, al caminar, mis pasos parecían los de una geisha por lo cortito de mi zancadas pero advertí, no sin cierta alegría (cada uno se contenta con lo que tiene), que por la parte de atrás de las rodillas, el hueco ese que tenemos que nunca sé como se llama, sobraba un pelín de género vaquero y con este descubrimiento confirmé que aún era mi talla, la 36 americana, no sé a día de hoy si se corresponde con la europea o la española, es igual, anda que no estaba yo contenta. De esta guisa busqué una camiseta de algodón en mi fondo de armario, ay qué risa, al sentarme en el borde de la cama la barriga intentó volver a su posición natural y el desayuno casi me sube a la boca, gorda, más que comilona, me machaqué, qué buenas están las tostadas con mantequilla, digo, mejor no hablo de comida, que es que pierdo el hilo, que mi fondo de armario, es que me da risa, pues se compone de dos pantalones negros (que adelgaza el negro como es sabido), cuatro camisetas de Zara del año pasado y dos de Carrefour, mi tienda base, más lavadas que las piedras de río, total que me decidí por una rosa que era lo suficientemente larga para tapar mi secuestrada barriga, a la par que disimulaba el encanto de mis famosas tetas, empeñadas ellas en confirmar la teoría de la gravedad.

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Marta Lobo © 2006