Desde aquí abajo
David Fernández García

De pata negra
Marta Lobo

Yas entre amigos
Yasmina Suárez González

Aquí Ribono
Emilio Fernández García


Rarezas
María Antonia Goás

Susa Caústica
Susana Álvarez


Alma de poeta
Matilde Suárez

El Mirador
José Feito

Cosas de pulpos
Ana Pérez

Menudo Cuento
César Fernández


Viajes para visionarios
Merebith

Signos del Alma
Roxana Herrero

 
Escaparate
José Feito y
David Fernández


Leo luego existo
por Cesár Fernández

En la vertical
por Pilar Castañón

Links

Contacto

Webmaster


------------------------------------
Números publicados
------------------------------------

Hemeroteca

 
 


ELMIRADOR

EL ESPEJO

Y llega un día en que descubres el espejo. Un cristal mágico, asombroso, en el que aparece un niño que repite los mismos gestos que tú y además al mismo tiempo. Levanta una mano si tú la levantas, se acerca a ti cuando te acercas a él, y si le sacas la lengua al marchar él también la sacará. Cautivado por su magia te asomarás al cristal una y otra vez, buscando sorprenderle con gestos rápidos, inesperados, o apareciendo de pronto ante él para no darle tiempo a imitar tu movimiento. Pero nada, nunca lo consigues. Entonces te das por vencido y le haces tu amigo.

El amigo mágico es muy sincero y confías en él más que en nadie. Ante cualquier duda acudes a verle, a consultarle, y si dice que te han cortado mal el pelo es que te lo han cortado mal, de nada sirve que toda la familia se empeñe en decir lo contrario. Lo alto, lo guapo o lo gordo que estás no tendrá ningún valor en boca de parientes o vecinas. Será tu amigo quien corrobore si mienten o dicen la verdad.

Cuando la amistad se estrecha aparecen las primeras decepciones. Te enteras por otras personas que tu amigo es un poco falso, que el cristal mágico tiene truco. Te dicen que cuando levantas la mano izquierda él levanta la derecha y que si colocas un letrero frente a él no entenderás una palabra. Y sorprendido, compruebas que tienen razón, que todo cuanto te han dicho sobre él es cierto.

Aunque sigas viéndole todos los días, la relación se ha enfriado. Son encuentros breves, ocasionales, que sólo se prolongan si hay alguna novedad: un diente que falta o un chichón que aparece. Y en ocasiones son encuentros forzados, más por satisfacer a tus padres que por propia iniciativa.

Cuando el distanciamiento parece definitivo llega un momento en que todo cambia de repente. Tu cuerpo se llena de novedades y el amigo vuelve a ocupar un lugar importante en tu vida. Te pasas horas y horas frente a él, deliberando, preguntando, esperando una respuesta que hará que salgas de casa estirado o encogido. Tu amigo se ha vuelto caprichoso, absorbente, implacable, y ya no es tan divertido como antes: sabe que dependes de él para sentirte bien y parece vengarse por los años de olvido.

La turbulenta relación se va calmando con los años. Llegas a la conclusión de que no hay convivencia sin aceptación. Fácil o difícil, pero necesaria aceptación. Y entonces surge una amistad madura, reposada, sin exigencias. Uno sabe lo que espera del otro y las sorpresas no son bien recibidas. La rutina vuelve a aparecer, pero es una rutina consentida, apreciada, que no provoca tedio, sino alivio.

Al amigo mágico ya no le exiges que sea sincero, prefieres (quieres) que te mienta. Acudes a él buscando consuelo, complicidad, una inyección de autoestima que te haga revivir. Le pides que haga magia dentro de la magia y que prolongue su hechizo el mayor tiempo posible. Y el amigo cómplice puede ser benévolo o cruel, mantener el hechizo o romperlo bruscamente. Si lo mantiene nada ocurrirá, pero si lo rompe será terrible. Un día te encontrarás por sorpresa con un anciano arrugado y decrépito que te observa atónito desde el espejo, recordando aquella mañana en que un niño le sacaba la lengua. Y a partir de ese día evitarás al amigo mágico como se evitan los malos amigos, los que nos han traicionado cuando más los necesitábamos. Y no le perdonarás nunca, aun sabiendo que un día cercano ya no le verás más.

---------------------------------------------------

José Feito © 2006