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Juan Benet, El ogro bondadoso por Francisco García Pérez El rincón de las palabras por Tino Pertierra Entrevista a Tracy Chevalier Firma Invitada Manuel García Rubio (II) Palabra de Faulkner El Mirador por José Feito Links Contacto Webmaster ------------------------------------
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El local donde me encuentro ha sido remozado ultimamente. Ahora es amplio, luminoso y moderno. Donde habitaba una cafetería, de esas de toda la vida, incluidos pasteles servidos por Camilo de Blas, ha dado paso a un nuevo estilo.Esto incluye que los camareros se hayan convertido en camareras. Es la camarera rubia procedente de los países del Este, no se ubicarla ciertamente, pero deja escapar un cierto acento eslavo. Tutelada por las otras camareras españolas, que se dirigen a ella llamandola cariñosamente bruja y neña, se desenvuelve con dulzura entre los clientes. No sé su nombre, porque no es mi costumbre dar la parpayuela en las barras de los bares, pero mientras ella trabaja, y mucho, las demás se escaquean más de lo debido. Está ahora a mi lado, esperando un cambio y más parece una bailarina del Bolschoi o una música de una afamada orquesta. Sobre todo me llama la atención su sonrisa. Y los expresivos ojos azules que agranda cuando los clientes pide un imposible, traducido a café descafeinado de máquina, corto de café, con la leche templada que no fría, pero que sea semidesnatada y sacarina en sobrecito de espartamo. Es tarde y esto está lleno de grupos de mujeres viejas que conversan, abuelas jubiladas tomando chocolate con churros. Adiós al colesterol, que importa un día. El sonido de la inevitable máquina tragaperras al conseguir esa joven un premio que la sacará del apuro de fin de mes. Envuelve las ganancias en una bufanda roja de cachemira y lo vierte en la barra. Empieza a contar monedas de euro.Doscientas por lo menos. Extasiada, nuestra eslava echa un vistazo. Cielos, se conocen, se dirige a ella llamandola Clara. Le dice: Clara, ¿ésta la tienes?. Deben de coleccionar euros emitidos por los distintos países comunitarios. La camarera lugareña también se a charlar. Entonces debe de ser habitual ordeñar la máquina al final de la jornada. Ojalá se repartan los beneficios. Decido que son compañeras de piso, no, más bién, es Clara la que está subarrendada. Fascinante, acaba de entrar un negrazo, pero de esos negros, negros como el tizón, no chocolate, con la cabeza llena de trenzas. Guapo. Se sienta en la barra amigablemente al lado de la ganadora de la tragaperras. Es que son novios, pienso yo. Negro como el betún, de los que yo pensaba cuando era una cría que desteñirían en la ducha. Y clara, mansedumbre de mujer, está preparando dos cafés-biberón... ¿POR QUÉ ESCRIBO? ¿PARA QUÉ ESCRIBO? ¿PARA QUIÉN ESCRIBO? Escribo por necesidad, la vanidad y el placer ocupan conjuntamente la segunda posición, no sabría decir exactamente cual está primero y cual está después.Con respecto a escribir por obligación, creo que no, a no ser que cuente lo que redacto en el trabajo. ¿Para qué escribo? Para curar heridas fundamentalmente. No recuerdo cuando escribí por primera vez. Las redacciones del colegio fueron quizás las precursoras. Encontré placer y desahogo a la vez. Más tarde, en plena adolescencia, decidí ser una famosa escritora. Vanidad de vanidades. La vida fue bastante cruel con mis anhelos literarios. De esta época guardo cuentos, relatos, todos escritos a máquina, en la antigua Olivetti que había en casa comprada para preparar oposiciones. Curioso, recuerdo que usaba papel cuadriculado en la máquina de escribir. Todos están guardados en una caja de mudanzas junto a fotos de otro tiempo que transporto de casa en casa y que hace años que no abro. Releer lo escrito hace 15 o 20 años, eso sí que duele. CANSANCIOCansancio. Todo el día trabajando. Hoy me cabreé muchisimo desde que me levanté. Discutí por todo y con todos. Menudo lunes. Espero que no sea la semana así. Estoy cansada de estar sentada. Mejor me venía dar un paseo. Hace un día cojonudo. Después de tanta lluvia. Pero para tener que ir a hacer la cena...No se si coger criada o ponerme a servir. Vaya, esto de no pensar en nada cinco minutos antes me ha dejado en blanco. Sensaciones... Salvo lo incómoda que estoy en esta silla y lo harta de mirar a esta pantalla, poco más. Que no se me olvide comprar pan. Voy a ir a la charcutería, no mejor al super. No sé que poner de cena. Todos los días igual. Vaya mierdina. Y esto es realizarse como esposa, madre, trabajadora y en fin mujer. Que paren que me bajo. Sensación de soledad, tan sola en esta oficina. El murmullo del ordenador me da vómitos. Parece que vivo aquí. Por la mañana y por la tarde. Trabaja y estudia. Vete a un lado y a otro. Y cuando te ha derrotado el día, coge y escribe y encima estate inspirada y siente. Siente que ya no aguantas los zapatos, que has fumado demasiado, que has comido una gochería, sientete hasta el moño de todo y de todos. No me olvido para nada de lo que se sentiría en un escenario super romántico con el hombre de tu vida, super atractivo a ser posible, en una playa semi-solitaria, quiero decir que tenga cerca un hotel de cinco estrellas, a ser posible con servicio de camarero a pie de playa, y una. embutida en su talla 38, super mona, un violinista que se deja oir a lo lejos, ese hombre que te ama, que te adora, que eres la mujer ideal, que no friegas, que no planchas, que no limpias, que tienes pasta gansa y administradores que organizan tu fortuna, siempre joven y supermaqueada y descansada. Y a la que se han acabado los quince minutos de gloria. Volver a la realidad. A las sensaciones cotidianas. CIERRO LOS OJOSPuedo cerrar los ojos y abandonarme. Imaginar los suyos que no albergan ya, odio alguno. Al perder la visión de lo cotidiano, mi respiración se torna pausada. De tarde en tarde, dejo volar mi imaginación; como sería mi vida si hubiera sido capaz de escoger lo desconocido. En un destello vuelve nuestro paseo hacia las violetas. Y nos besamos. Tendría ese calor que ahora me falta. Está lejos, pero sé que hay ciertos momentos en que le llego. Siempre me decía: ¡Como caminas! Yo le contestaba: Son los zapatos de tacón...tonto. Retumba en mis sienes aquel viejo dolor. Pero he de mirar hacia adelante. Cada uno carga con las consecuencias de sus decisiones. A veces durante años. A veces toda una vida. FRENTE A MÍ¡Ay Dios mío! ¡Ya está aquí! Como todas las noches, frente a mí. Pero que le daré yo que viene a mirarse, a escudriñarse, a hacer tonterías y a pensar en alto. Anoche resultó agotadora. Se notaba su melancolía. Pero repetía incansablemente..cuanto me gustas, cuanto te amo, que contenta estoy de poseer este cuerpo que me envuelve. La dueña de este cuarto de baño me utiliza. Y yo, pobrecito espejo, todo el día colgado...más diría... encastrado. Y dale que te pego... ¿Te acuerdas, dice ella, de la humedad de aquellos besos que diste y que te dieron y que respondistes? Entonces, ausente, cierra los ojos y vuelven a su cabeza todos esos besos. Ellos, los besos, dice, son en cierto modo, los culpables de las arrugas que disimuladamente aparecen desde hace tiempo junto a sus labios. Tu no necesitas de toda esa nueva cirugía para hacerlos más gruesos-le digo yo. La Naturaleza sabía lo que se hacía cuando te construyó. Sobre todo el perfil.Y habla de los hombres conmigo, los hombres, segun ella, que la han amado, que han elogiado su aspecto agitanado, pura pasión, repite ella, que le decían, más que mirar tus negros ojos lo que hacen es comunicar el estado de tu pasión. Es verdad, ella posee un rostro que expresa, no hace falta que emita palabra alguna. Recoge su melena, forma una cola de caballo, fantasea estirando el cuero cabelludo, en fin que mientras se peina esta resistiendo el paso del tiempo...ese tiempo que tanto le asusta. Y me confiesa que su altura la ha elevado en tantas ocasiones..., pero lo dice con la boca pequeña. Yo sé que ella es moderadamente feliz, que sus manos que corrientemente me mantienen en estado de revista, ejecutan labores, escriben y aman con pasión. Le he notado durezas en los anulares que calculo serán producto de la dorada representación de su compromiso. UN MAL COMIENZO DE DIAAy, Dios mío de mi corazón, que no llego, que no llego. Ya he dejado a Pepe en el taller y al niño lo he soltado en el cole, pobre criaturita, media hora antes, pero es que no llego. La leche que me dieron, pues no se ha puesto a diluviar, cojonudo, y el coñazo ese que viene de Madrid que me estará esperando. Menos mal que ayer fuí a la peluquería...arranca, coño, arranca, ay no me puede estar pasando esto, que no arranca este cacharro, si ya se lo decía yo a mi Pepe, que hace un ruido raro y claro, caso omiso.... siempre igual... hombres. Ahí te quedas puñetero que yo por tí no tiro, me cojo un taxi y arreando. Menuda manera de comenzar el día...comunicando, como siempre que llueve, el teletaxi, ay ahora cogen...oiga, teletaxi, sí... me manda un coche a la esquina de... sí, sí, pero mire, rápido y que tenga cambio de 50 Euros, si? ¿que llueve? Ya, sí, lo sé, ¿porque cree que les llamo? clave A... ah! gracias, mire que tengo mucha prisa... La leche, a ver si llega rápido, ¿porque todos tendrán de clave la letra a? Bueno ya lo preguntaré otro día... Madre del cielo, como si no hubiera agua bastante, la que está cayendo, para llenar los Alfilorios tres veces, ay que este paraguas está goteando por dentro, me estoy mojando hasta el refajo, el bolso nuevo, que no, que no puede ser, que me costó 80 pavos... y en rebajas...si para hoy no daban lluvia, ay, ya veo el taxi, que ya viene y ahora zumbando a la entrevista... pufff. Me acercaré al bordillo para cogerlo al vuelo.... Mentecato, pero no ve que estoy aquí, no se da cuenta de como me ha puesto, tengo agua hasta el ombligo y mi ropa nueva ay ay, no podría entrar más suave, es un decir, no ve este enorme charco que se ha formado justo aquí, pues ahora le voy a denunciar por mojarme y de paso le mojo el coche... Antes lleveme a la oficina...Señora, ¿A que oficina?
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