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ALMA DE POETA
UN DÍA DE ESCRITURA
Empieza la función. Son las cinco de la mañana. Despierto con una idea en la cabeza. Unos versos se me agolpan en la cabeza. me gusta mi idea. ¿Sabré desarrollarla? Me levanto, e intento anotar todo lo que se me ocurre. No son pequeñas notas tomada para recordar. Son una serie de versos, todos con rima. Me gusta. Se que no serán mi futuro, pero me resisto a dejarlos en mi cabeza. Cojo bolígrafo y la libreta que yo hice, e hilvano palabras. La madrugada, es mi hora mágica. ¡Que pena tener que dormir, con lo inspirada que me encuentro a estas hora!
Después de escribir todo lo que se me viene a la punta del bolígrafo, recojo todo y sigo durmiendo hasta que suena el despertador. Llevo un rato levantada. El despertador, no perdona ni un día. Pero hoy, sigo con mi inspiración, y mientras preparo el desayuno, voy apuntando en mi libreta, pequeños detalles que quiero plasmar, palabras que me gustan y definen mis inquietudes. Salgo para el trabajo, pero a veces, es ese momento mágico. Y memorizo mientras voy en el coche.
Cambio mi vestimenta, y apunto rápidamente aquello que memoricé.
Mi lugar de trabajo, se presta a mi afición de escritora.
Es un despacho pequeño, con un mostrador, donde acude mucha gente. Entra a borbotones, como si durante la mañana, hubiera momentos en que se pagara por acudir allí. Piden fotocopias; quieren guillotinar hoja; encuadernar; grapas.... ¡No importa! Ellos hablan y yo sigo manteniéndome ausente a sus charlas! Sobre mi mesa-mostrador, está la encuadernadora, la grapadora grande, la guillotina, transparencias.
A mi izquierda, un casillero donde se depositan cartas.
Y tras de mi, una a cada lado, fotocopiadoras, escáner, y un armario con archivadores y llaves. Todo pintado de blanco, excepto la puerta, que resalta en verde. Dicen que el verde tranquiliza, pero creo que miro poco a la puerta. En las paredes, algún cartel para intentar ayudar a quienes quieran dejar de fumar. Nadie los mira ya, forman parte de la rutina. Y papeles, muchos papeles por todos sitios. ¡Ah! Y mi diccionario de sinónimos y antónimos, al que le faltan páginas, pero le soy fiel nunca lo abandono. Pero yo, solo necesito un trocito de mesa para colocar mi papel, y empezar a sumar palabras. Escribo rápido, no muy claro.
Cuando abren la puerta, intento tapar mis escritos, pero aún así, a veces quedan al descubierto. Veo que hay gente que intenta leerlos: se les ve en sus ojos, en su gesto el gran esfuerzo por entender aquellos garabatos que solo yo entiendo.
Me cuentan que huele a papel caliente. Yo no lo noto.
Las fotocopiadoras hacen un ruido particular, pero tampoco me molesta.
¡Cuando acude mi hado. todo a mi alrededor desaparece!
Llega la hora de salir.
Hay que recoger todo. Empieza mi otro trabajo: el de la casa; el no remunerado. No hay tiempo que perder: todo va a velocidad de vértigo.
Y después de la cena, de nuevo el hado hace su presencia, y consigo acabar, transcribir o estropear en mi ordenador las ideas de todo un día.
Mi hora mágica empieza de nuevo: son las 10:30 de la noche, y quedan como mínimo 2 horas para vivir mis ilusiones. Doy rienda suelta a mis dedos, que apuran el teclado. Prefiero no releer lo escrito. Casi nunca me gusta. Pero lo dejo, porque seguramente nunca dejaré leerlo.
Tengo poco tiempo libre, y aprovecho mi momento de hacer las compras, para ir a tomar un café, y mirar el mundo.
¿Quién es el mundo?... La gente, los carritos de la compra, el camarero de ese centro comercial, que conoce a todo el mundo, y a nadie.
Me siento en una mesa, y veo a todo el mundo ir hacia las estanterías del centro comercial. Parece que lo regalan hoy. Yo, con mi prisa, quiero estar sola un rato. Soy capaz de meterme en una burbuja, y sentirme sola en medio de la multitud. Ha sido una experiencia vivida en mas de una ocasión, y eso me da la ventaja: no necesito esforzarme para sentir esa soledad acompañada. Llega una parejita a mi lado; los dedos entrelazados. Se sientan, y aún no han cerrado la boca. Son todo sonrisas.
El camarero se acerca. Tengo ganas de un café, pero pido un agua: me durará mas tiempo, y eso será suficiente para que yo contemple el mundo.
La pareja, entre arrumacos, piden su consumición, y se vuelven a aislar en su mundo de risas, dedos entrelazados, de besos. ¡Viva la felicidad! ¡Viva mientras dure! El camarero, con la solemnidad que requiere su profesión,
Se acerca con la bandeja en la mano y nos sirve. Da gusto verlo tan elegante, con ese porte. Miro hacia la barra. Aquel hombre cabizbajo, ¿Qué pensará? Fuma un cigarro tras otro. Su bebida está en vaso largo.
No me gustan las bebidas en vaso largo. Su forma de beberlo, me indica que no es un refresco. Puedo estar equivocada; mi experiencia casi nunca se equivoca. Se acerca a él una mujer bien arreglada. Hablan; salen juntos.
No aprecio ningún signo de amor. Quizás tampoco haya ninguno de desamor. Lo peor, pienso, sería la indiferencia. El amor mueve montañas; el odio, también. La indiferencia, paraliza. Quiero volar, y no salgo del camino de esa pareja. Y de repente, ¡cras! El ruido de un vaso que se cae me baja de la nube. Muy cerca de mi, está el autor de ese desperfecto: un niño pecoso, con cara de travieso, que no para. A su madre se le pone la cara de mil colores. El camarero con porte elegante, aparece otra vez en escena: tranquiliza a la señora, es cosa de críos, le dice.
La tele está sorda. La música que sale, no se sabe bien de donde, sustituye los diálogos de los vaqueros. Apuro mi agua. Aquel color azul del local, aquel niño que no para, aquella parejita que me hacer recordar. ¡creo que no me hace recordar nada!
Me voy, se acabó mi tiempo de relax.
PROTÉGEME
Protégeme, como cuando era una niña.
Aunque no estés, no importa. Estarás lejos, seguro que mas lejos de lo que yo desearía tenerte. Aún así, te siento cerca, te necesito. Necesito decirte cuanto te quiero. Me acuerdo de nuestros días haciendo planes. Eran bonitos, me gustaban. Pero ya no. Eso es historia, y la historia nunca me gustó. Es tiempo pasado, y tu siempre decía que "agua pasada no mueve molinos".
Si te tuviera aquí cerca, te diría que me dieras el mas grande de los abrazos. Esos abrazos que tanto me gustan. Esos abrazos que no piden nada. Me gustaría. pero ya no. Protégeme, dame suficiente fuerza para vivir sin ti. Acuérdate de que nunca te dije que te quería, pero tampoco nunca lo oculté. Y ahora, lloro tu ausencia, y quisiera decírtelo; seguramente tampoco ahora me saldría de mi boca, pero te lo haría saber con mi amor. No hay día que no estés presente en mi memoria, en mis comidas, en mis sueños.
Si supieras que aún no he conseguido cantar.¡con lo cantarina que yo soy!
Era bonito contarte mis secretos, mis sentimientos de odio, amor, pequeños sueños, y grandes esperanzas. Era bonito verte que cara ponías cuando con una seña, sabías lo que pensaba. Era bonito. y volvemos a hablar en pasado. El pasado no me gusta. Es historia; y la historia no me gusta.
No pretendo ignorar mis raíces, solo quiero olvidar lo que no me gusta. Y dentro de lo que no me gusta, está la historia que tanto me costaba aprender en mis años jóvenes. ¡Joven!...cuanto tiempo hace de eso. ¡Que feliz era!
No me faltaba nada, aún faltándome de casi todo.
Pero tenía conmigo aquello que mas quería, y el mundo era mío.
Ahora, sin protección, no soy nada. Me faltan tus brazos, tu risa, tus enfados, tu vida. Protégeme, haz que sienta que aún estas ahí, que me estas protegiendo desde la distancia, secando mis lágrimas; riñéndome por mi calma; degustando, como si los comieras, los versos que cada día escribía, y que a ti te parecían los mejores. Acuérdate de mi. Yo nunca dejaré de pensar en ti. Y no falta quien me de un abrazo; pero el abrazo de cada persona, tiene un sentimiento distinto. Lo siento yo distinto. El que me lo da, me lo da distinto, de distinta manera, con distinto significado. Todos son importantes; pero ahora, el más deseado, es el que no me das tú.
ABRAZO
¡Cuánta ilusión derramada en unos sueños que nunca se cumplieron!
Porque los sueños, son espejismos en el desierto de los sentimientos.
Porque los sentimientos, se dan y se reciben. Se sienten y se hacen sentir. Y se despierta del sueño, y sólo queda la nostalgia. No hay marcas de besos, ni abrazos. Queda sólo la añoranza de aquellos años en que los sueños no se concebían incumplidos. Y te abrazas a la almohada, buscando la protección de unos brazos que no están para darte seguridad. La noche, es propicia para soñar. El día, no es menos quimérico.
Noche y día, buscan ilusión para soñar; nostalgia para revivir; protección para disfrutar la seguridad y gozar del dulce sabor que nos deja un abrazo.
Abrazo, que nos lleva a la dulce embriaguez de sentir ese calor que nos recorre el cuerpo, y tiñe de rojo nuestras mejillas. ¡Ay! Si no fura un sueño. ¡Si fuera una realidad! ¡Ay! Dulce rojo, que me sabes a dulce calor; rojo de fuego, fuego que recorre mi cuerpo. Siento esa necesidad que me piden mis venas, de sentir un abrazo que añoro. Necesito sentir ese escalofrío que hace temblar mis entrañas, ante la mejor demostración de amor que conozco: el abrazo. Escalofrío que me hace estremecerme. Ilusión que trae nostalgia. Nostalgia de protección. Protección que da seguridad.
Seguridad que nos sabe a dulce abrazo. Abrazo que hace correr la roja sangre, para mitigar el escalofrío, al percibir que en la distancia, siempre tendré esos brazos protectores: los de mi madre.
DESPERTAR
Su mano le rodeó el cuello, arrancándole un leve gemido. Deseaba que fuera silencioso, y a la vez, que la algazara hiciera su aparición, para demostrar su sentir. Le quitaba la respiración, pero de puro placer.
Movía su mano por la nuca, enredando sus dedos en los ensortijados cabellos, y tenía la sensación de que la veía derretirse. A su edad, y parecía estar ante su primer amor. A sus años, con hijos que ya competían con ella en amores, y daba la sensación de que tenía todos los sentimientos a flor de piel. Ella se pegaba.no cabía acercarse más. Tenía la intención de fundirse con él, y su boca, soltaba gemidos de placer, a cada nueva caricia de él.
¿Podía estar fingiendo?, pensó él. Esa nueva oportunidad en su maltrecha vida, para sentir y hacer sentir; y no quería dejarle pasar de largo.
Aquella mano que le hacía soltar gemidos, nada tenía que ver con otra mano al cuello, que también le quitaba la respiración, y la llevaba a las puertas mismas del infierno. Se fundió en un abrazo, y se lanzó a soñar.
-¿Estás bien? -le preguntó aquel que la abrazaba.
Tal era su desazón, que bailaba entre sus brazos, incapaz de controlarse.
No contestó. Sólo esgrimió una leve sonrisa de aprobación.
Sus ojos se volvieron brillantes, ante la aparición de las inoportunas lágrimas.
¿Eran de alegría, o la causa de un mal recuerdo?
Fundió su cara contra él, escondiendo su debilidad. Para bajar al infierno, le había bastado con unos pocos meses. Vio al mismo diablo atizando con saña; látigo en mano. Con la lejanía que da el paso del tiempo, no recordaba todo lo malo de aquella guerra sin cuartel.Su vida, de yo-yo, la bajaba al infierno, para subirla inmediatamente a las nubes. El ángel, indultaba al demonio. La primera vez, dio paso a la falta de respeto, el miedo, las malas palabras, los primeros golpes, contrarrestados por sus manos más débiles, y ya de paso, las primeras promesas incumplidas, los primeros perdones, los primeros sueños truncados, y la primera necesidad de despertar de ellos. Y en una de esas subidas, saboreó el cielo, y deseó quedarse a vivir en él. Se apartó lo justo, para comprobar que su contrario era otro. Él, volvió a preguntar, -¿de verdad que estas bien?
Acercó suavemente con su mano, la cabeza a su hombro, y la sintió respirar hondamente. Bajó hacia la cintura. Y en cada una de sus manos, apretó las de ella. Sintió que el Cielo bajaba y la erguía entre nubes de algodón.
Las primeras luces del alba, fueron ganando terreno a la luz crepuscular. Y con ello, fue distorsionándose el toque de aquellos dedos en su cabello.
Ella, se acercaba. Él, acariciaba su cabello, su nuca. Le bañaba con su aliento la sien. Cuando empezaban el dulce baile de la desnudez, y unas manos recorrían palmo a palmo su cuerpo, una melancólica melodía sonó marcando las 7 horas.
HAIKUS
Toma mi mano,
mi ceguera cesará
al dulce tacto.
Árbol caído,
tu sombra no acompaña
mi despedida.
Tomad la luna
para soñar la noche
la luz del día.
Soledad llena
de ausencias compartidas
y dulces penas.
Mira tu entorno
compara con tu vida
busca salida.
Volaba bajo
queriendo tocar el suelo
de vez en cuando.
No es fácil reír,
ni fácil llorar penas,
sentir, no es fácil.
UN DíA DE BODA
Los primeros acordes del vals, hacen salir a la pista a los novios, que se miran embelesados. ¡Se quieren tanto desde que se casaron! Porque sólo hace 5 horas que se casaron, pero les parece que llevan toda la vida.
Los invitados se incorporan poco a poco al baile.
Sentada en una esquina, mis pies se encuentran enfundados, tal que la Cenicienta , en unos zapatitos de cristal, ¿o no serán de cristal? ¡Pero, que daño me hacen! Sus tacones de aguja, hacen que mis piernas vibren al andar. Mi larga y apretada falda, hace que este aspecto pase inadvertido.
Y de pronto, un elegante caballero tiende su mano para invitarme a bailar.
Mi coquetería femenina, intenta salir con un estilo poco ensayado; y al momento, algo me impide levantarme: mi tacón ha pisado la falda, y un ¡cras! muy familiar, me hace sentir que mis curvas, hasta ahora bien marcadas, han aprovechado bien aquel desliz, para volar a sus anchas: la falda se ha descosido de pies a cintura. Muy sonrojada, y con una voz entrecortada, le hago saber al desconocido mi situación, y se brinda a pegárseme como una lapa por detrás, para salir de aquel salón.
Dos años mas tarde, aquella lapa humana, me puso el anillo en la mano derecha.
PALPITACIONES
Tengo los pies fríos, sudorosos. Estoy sintiendo mi corazón latir fuertemente, y rápido, muy rápido; eso que llaman los médicos palpitaciones. Pero tampoco soy tan vieja. Solo tengo 65 años, cumplidos hace 10 meses y 17 días. Hace tan sólo esos meses y esos días, yo era considerada joven para trabajar, sin derecho a la jubilación, ni a cobrar mi pensión de vejez. 10 meses y 17 días, no es motivo para hacerme vieja. Por tanto, tampoco me voy a morir aún, porque me resisto a morirme de joven.o mas bien de vieja precoz. Porque con 10 meses y 17 días, un niño es aún bebé. Y por esa regla de tres, yo soy joven para vieja.
Pero mi corazón sigue a un ritmo frenético. Diría que tiene ganas de escaparse de este cuerpo que lo tiene encarcelado. Seguro que mi corazón es joven, y se resiste a envejecer al mismo ritmo que mi cuerpo.
Sólo los jóvenes tienen esa facilidad para correr tan deprisa. Y él, intenta demostrar por todos los medios que aún está en plenas facultades, y que de darle tierra, ni por asomo. ¡Que listo fue siempre mi corazón!
Ya lo decía mi madre: tu corazón tiene demasiada prisa. Claro que lo decía por otro motivo. Bien me lo repitió cuando decidí echarme novio a tan temprana edad. Ella quería frenarlo, pero saltaba montes y montañas. Sorteaba todos los obstáculos, y conseguía cuanto se proponía.
Mi madre, nunca me abrió de par en par, para verme por dentro. Pero me debía ver la velocidad reflejada en el rostro.
La cara, fue donde recibí el primer impacto al frenar en seco.
¡Tanta velocidad, no podía traer cosa buena! Y así fue. Quedé marcada para siempre, tras aquel golpazo. Porque me encontré de repente su mano en mi cara. Aquella mano era enorme, y dejé de ver repentinamente.
¿De que me serviría a mi tanta velocidad?
Si hubiera hecho caso a mi madre; ella si que era lista.
Ahora, a mis años, -que no vieja-, es cuando comprendo. Podía dar la vuelta al reloj, y remediarlo. Podrían borrarse las marcas del paso del tiempo; las marcas de los años vividos indignamente; la velocidad, aminorarla. Aún me queda tiempo. Mi insinuante vejez, esperará a verme disfrutar mi última juventud. Este frío que hoy me desanima, y me congela, no es frío. Mis pies parecen congelados. Mi sudor es frío. No es invierno; la estación, igual que mi edad, es otoño. El frío sudor que me hiela, viene de mi pensamiento. Pensar es recordar. Y los recuerdos que me llegan, no son agradables. Y pensar que quería llegar a la jubilación para disfrutar. Y que me siento joven, solo paso 10 meses y 17 días.
Todo se desvanece a mi alrededor. Las palpitaciones dejo de sentirlas. Alguien corre, porque siento sus pasos muy cerca de mi. Me ponen la mano en el cuello. Me cogen la muñeca. Escucho silbatos:
-Apártense, le están quitando el aire.
Una sirena. Y yo vuelo, porque estoy en el aire.
Y noto que voy de prisa.
-Dichosa prisa, a mi madre no le gustaba nada.
Nuevos pitidos; unos interrumpidos, y más de uno seguido.
Y cuanto mas seguidos son, mas corre todo el mundo. La gente se vistió de blanco, y me da por pensar si ya estaré en el Cielo. Pero algo me hace dudar; para ir al Cielo, tendría que morirme, y aún recuerdo lo joven que era hace 10 meses y pico, cuando mi jefe me exigía cumplimiento eficaz.
Por cierto, dejé de saber de mi jefe. Seguro que hay otra persona cumplidora, desarrollando el trabajo que yo hice durante tantos años. Y puede que lo haga bien, pero no tendrá mi experiencia, porque no se llega a la experiencia con 10 meses y 17 días. Esa, es la ventaja que yo tengo; aunque, ahora, con este sudor frío, y estas palpitaciones, de poco me vale la experiencia. Pero recuperaré mi temperatura, porque mi sangre fluye por mis venas con la fuerza que da la juventud. Esa juventud que aún conservo en mi espíritu. No tengo prisa por hacerme vieja. Mi madre, siempre me lo decía, no tengas prisa por crecer, que luego ya no hay cuenta atrás. Y ella, de eso entendía. Siempre se refería a sus amigos en los años mozos, como personas jóvenes. No tenía en cuenta el paso del tiempo: se había estacionado en la época de bailes y fiestas. Y seguía viendo a todos cuantos habían bailado con ella, como personas jóvenes. Y tendrían mas o menos mi edad, la que yo tengo ahora, 65 años 10 meses y 17 días.
Siguen dando vueltas alrededor de mi, toda esa gente vestida de blanco. Se oyen todo tipo de sonidos. Me quitan la ropa, y estoy en una sala con mucha luz. No se dan cuenta de que yo no necesito tanta luz. Solo necesito un poquito de calor en los pies, y así, mi cuerpo reaccionará pronto.
Mi corazón siguen trabajando a buen ritmo. Supongo que eso no es malo.
Si corre, es porque tiene fuerza para ello.
La vida, es para quienes tienen energía. Y si estuviera cansado, ya no habría podido llegar a la edad de la jubilación, y eso, ocurrió hace solo 10 meses y 17 días.
Pero se empeñan en buscar un porque a mi frío. Será cosa del invierno que se avecina, que aunque aún estamos en otoño, yo siempre fui muy friolera. No me gusta que duden tanto de mi juventud, y se empeñen en buscar "porques" a situaciones que yo considero normales.
Si yo pudiera decirles que me encuentro bien. Pero bien por el frío, o bien por tanta prisa que tuvieron para traerme aquí, en este sitio, donde hay tanta luz, y tantos ruidos, tubos, y gente de blanco, que me quedé muda, como paralizada.
Cuando consiga recuperar mi calor, y mi voz, les gritaré que me dejen en paz, que ya tendrán tiempo de cuidarme cuando sea vieja. Que por cierto, ahora que lo pienso, ¿a que edad se empieza a ser vieja?
No tengo prisa por saberlo. Ya llegará el día.
Mi madre insistía siempre en que no puede ir antes el carro que los bueyes. Todo se andará. Sólo se necesita un poco de paciencia, y todo llega, incluso la vejez.
Pero de vejez, ni quiero oír hablar.
PERSEGUIDA
Miró tu fotografía, y la mirabas tu también. Creyó haber visto una mueca de sonrisa dibujada en tus labios. Tus ojos, se complacían al verla.
Se sonrojó, al ver que no apartabas la mirada, tras tus gafas de color.
Sin haberlo pensado, se acercó a la pantalla del ordenador, y te dio un beso. Quedó reflejado sobre tu imagen. Y le gustó el contraste entre tu foto, y el pintalabios, dando un aspecto melancólico y sucio. No se apresuró a limpiarlo. Tuvo el presentimiento de que te gustaba verte así, borrado por sus labios. Se fijó en tu camisa; hacía juego con tus ojos. Le hizo recordar ese día. Tú le esperabas vestido con esa camisa. Era un sueño cumplido. La abrazaste. Ella te correspondió con la misma moneda. Le gustaba aquel billete de cambio. Y mirando esta foto, no pudo resistir la tentación de soñar. Voló hacia la primavera. Dejó a las ramas de los árboles envolverla como si fueran brazos arropándola. Es un sueño en su recuerdo.
Un recuerdo en su memoria. Una memoria para guardar los detalles.
Y detalles son los buscados en esa foto. Si pudiera hablarle. Contarle su vida. Sus penas y amarguras. Sus momentos mas dignos. Pero la foto se resiste a contestar. Y ella, lo ve con ganas de hablar. Se está resistiendo. Es su forma de tenerla intrigada. Lo mirará verlo parpadear. Ve una lágrima en sus ojos. ¿Será de pena o de esfuerzo? No importa. Cederá al final.
Los labios taparon una parte de su imagen. Pero los ojos, han quedado descubiertos, y puede ver como la persigue con la mirada, allá donde ella se mueve en la habitación.
No puede ser. Una foto persiguiéndola, es producto de un sueño. Y ese sueño, tiene dueña. Quiere compartir contigo sus aventuras, y te mete en su mundo de deseos. No irrumpe en tu vida; te mantiene en ese plano conocido por los dos. Al paso de los años, sabe mirar una foto y hacerle carantoñas; y consigue hacerte disfrutar en la lejanía. No necesita tenerte para saborearte. Sabe vivir con esa imagen inmóvil para los demás, pero muy presente para ella. Se acostumbró a vivir de recuerdos, y sabe estirarlos hasta límites insospechados. Hoy, te habló de sus problemas; al contarlos, le menguaron, o eso le pareció a ella. Le encanta contarte sus momentos de placer; y la foto, parece entenderla. Ella se ríe, tú la imitas. Te gusta verla así. Parece mentira, pero esa foto le da vida. ¿Quién lo diría, una imagen en una pantalla? Pensó en imprimirlo en papel, y llevarlo en su cartera. Ya estaba decidida. Pero llegó a una conclusión: iba a dejar de ser un secreto. En cualquier momento, alguien podía acceder a él, era su secreto y no deseaba compartirlo. Compartir, era una tarea aprendida en la enseñanza preescolar, y por su edad, no había pasado aquella etapa.
Verlo en pantalla, soñar, ser sólo para ella: era suficiente para sentirse viva.
Él aprobaría aquella decisión ---------------------------------------------------
Matilde Suárez © 2005
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