|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
| |
|
|
|
||||||||||
|
|
|
||||||||||||
|
|
|
|
|||||||||||
|
|
|
||||||||||||
|
|
|
||||||||||||
|
|
|
||||||||||||
| |
![]() |
|
|
||||||||||
| |
|
|
Juan Benet, El ogro bondadoso por Francisco García Pérez El rincón de las palabras por Tino Pertierra Entrevista a Tracy Chevalier Firma Invitada Manuel García Rubio (II) Palabra de Faulkner El Mirador por José Feito Links Contacto Webmaster ------------------------------------
Números publicados ------------------------------------ |
|
|||||||||
|
|
|
||||||||||||
|
Un buen día te levantas, te miras al espejo y ahí están. Han llegado en silencio, poco a poco, y ¡zas! instaladas en tu cara, lo mismo que un okupa. Intentas ignorarlas pero ahí siguen las puñeteras arrugas. Haces una mueca y se multiplican, en los ojos, el cuello, la frente, la comisura de los labios... son como los Gremlins, ¿os acordáis de la película de los Gremlins que si se mojaban aparecían más y más? Pues lo mismo, lo que pasa que en vez de parecerte a un Gremlin vas camino de parecerte a ET. ¿Y qué haces? ¿Reírte? ¡Ni se te ocurra! Salen arrugas. ¿Llorar? Nooooooooooooooo, que salen arrugas. ¿Irte a la semana fantástica del Corte Inglés? Vale. -Disculpe, quiero... ejem, una crema anti-okupas, digo anti-arrugas. Ya está, ya lo has soltado. Pero ahora empieza lo peor, te preguntan si la quieres de día, de noche, en crema, fluido, en gel, con FPS, con aceite de soja, con bífidus activo, con omega 3, si tienes la piel mixta, grasa, seca, sensible...y después de ese discurso te apetece preguntar ¿Puedo pedir el comodín del público? Intentas procesar toda la información y cuando te decides por un bote de crema la dependienta te suelta sin miramientos: -Son 100 euros.Y te lo suelta así, sin anestesia. Pero si con 100 euros te trae más cuenta contratar a un grupo de operaciones especiales para que despejen a los okupas de tu cara. Pero de repente todo cuadra, la chica te explica que en dos días tendrás la piel más luminosa. ¡Pues haber empezado por ahí mujer! Ahora lo entiendes todo. Es que en el precio va incluida la factura de la luz. Llegas a casa, deseando meterte en la cocina, embadurnarte de harina, con las manos en la masa, ¡ah! No, eso es otra cosa, llegas deseando probar la crema y cuando llega tu marido te mira, y te vuelve a mirar. Y tú piensas, ¿será que ya ha hecho efecto? Y con voz melosa preguntas: -¿Qué miras? -Qué tienes canas. EL CAFÉ Me parecía raro no distinguir los números de color rojo chillón de mi despertador, y mientras pensaba que no me quedaría más remedio que darle la razón a mi madre cuando me decía que no veía tres en un burro, decidí levantarme y abrir la ventana. Había un apagón general en mi barrio, no se veía ni una luz. Corrí los metros de pasillo que separan mi habitación de la cocina como si fuesen la final de los 100 metros lisos, ya no había ninguna duda, llegaría tarde al trabajo, pero ese no era el problema grave, el problema es que no podría desayunar, yo, que sin un café a primera hora no soy persona. Tanta tecnología, tanta vitrocerámica, tanto microondas y no podía tomarme ni un mísero café. Salí de mi casa dando un portazo y me fui a la parada del autobús, que por supuesto llegó tarde. La mirada de asesina que le eché al conductor, hizo que su intención de saludarme quedara en un leve gesto de cabeza. Bueno ya estaba a la puerta del trabajo, tampoco había llegado tan tarde, tres cuartos de hora, media hora por culpa de la empresa de luz y un cuarto de hora por culpa del autobús, yo era inocente. La puñetera persiana que los jefes se habían empeñado en poner iba a acabar con mis cervicales, según el instalador no pesaba nada, pero a mí cada día me costaba más trabajo subirla y bajarla. Con tan mala leche metí la llave que se rompió dentro de la cerradura. "Genial", pensé en alto. No hay problema, pensé, soy una mujer de recursos, entraré por la puerta de atrás. Un pitido que casi me deja sorda, hizo que recordara que la alarma estaba conectada. En dos segundos sonó el teléfono: -¿Sí? -contesté. -Buenos días, llamo de la comisaría de policía, nos costa que ha saltado la alarma de ese centro y necesitamos que nos diga la palabra clave para comprobar que es un error. -¿Palabra clave?¿Qué palabra clave? A mí cuando firmé el contrato me comentaron las condiciones laborales, el sueldo y las vacaciones, no me hablaron de ninguna palabra clave. -En breve una patrulla pasará por ahí, para confirmar que es usted quien dice ser. Buenos días señora. Me froté los ojos, no podía ser, una pareja de la policía se había personado en mi oficina, eso no me sorprendió, ya me lo habían dicho, pero, ¿qué hacía él allí?. Dios, el pelmazo del gimnasio, que no admitía un no por respuesta, el pelmazo cuyos ojos perseguían a mí culo allá donde fuera, estaba allí, hinchado como un pavo, fardando de uniforme. -Buenos días, señorita -me dijo con una sonrisa dibujada en su cara. -Buenos días para algunos -le contesté de mala gana. -Ahora tengo que comprobar que eres quien dice ser, porque vestida cambias. -Que yo sepa, siempre voy vestida. -Me refiero a que en el gimnasio no vas vestida así. -Sí, tú también cambias. El uniforme te tapa los michelines que tienes y que cualquier día te provocarán la asfixia, de tanto meter la tripa. -Bueno, ya veo que estás tan agradable como siempre. No te molestamos más, intenta que no salte la alarma la próxima vez. -Vale, por cierto, ¿cuál es la palabra clave? -Café, la palabra clave es café. PRIMERA VEZ No podía creerme que el chico por el que todos suspiraban, se hubiera fijado en mí. A mis complejos físicos se unía una mente infantil, cuya mayor preocupación era llegar a casa para jugar con las muñecas. Tenía 15 años pero me seguía gustando peinar, vestir y desvestir a mis muñecas, inventarme historias... Pero el destino le puso en mí camino, en un tiempo en el que estaba perdida, no encontraba la puerta que dejaba paso a mi adolescencia, quizás el miedo a lo desconocido o la poca confianza que tenía en mí misma, me impedía avanzar, me impedía salir, me impedía abrirme al mundo. Pero unos ojos verdes que en los días nublados cambiaban a gris, me abrieron esa puerta. El simple roce de su mano con la mía, alborotaba a las famosas mariposas que en mí estómago no me dejaban comer ni dormir. Tenía tanto miedo... las monjas habían hecho un gran trabajo, fijo que era pecado lo que estaba haciendo, pero a la vez me preguntaba, ¿cómo puede ser pecado algo tan bonito? Los primeros besos dieron paso al primer te quiero, las primeras riñas, las primeras reconciliaciones. También llegó el tiempo de las explicaciones: -Mamá, tengo novio. -Yasmina, tienes 15 años, no estás en edad de novios. -Pues yo tengo novio, antes de que te lo vengan a decir los demás te lo digo yo. -Bueno, durará lo que dura una tormenta de verano. Él se convirtió en uno de mis pilares, el otro era y sigue siendo mi madre. Él me ayudó a estudiar, a tener más confianza en mí, me ayudó a crecer. En realidad crecimos juntos, porque él tenía mi misma edad. A veces, más en serio que en broma le digo: "Carlos, si miro hacia atrás, hay muy pocos recuerdos en los que no estés tú, excepto en mi bautizo y mi comunión, estás presente en todos" Nuestro primer viaje, nuestra primera noche juntos, que él se encargó de prepararla, haciendo que se convirtiera en lo más especial del mundo y nuestra boda hace un año y tres meses. Mi primera cita se convirtió en mi vida. Mi madre no suele equivocarse nunca, pero aquella vez se equivocó, no duraría lo mismo que una tormenta de verano, de hecho empieza cada día LUCÍA Y ARTURO HABLAN DE LAS VACACIONES -Arturo, cariño, cielín, vida, guapísimo... -¿Qué me quieres pedir Lucía? -Nada, pero que mal pensado eres. -No soy mal pensado, simplemente tengo experiencia y cuando me llamas así, es que algo pasa. -He estado pensando que este verano podríamos ir de vacaciones a Punta Cana. -¿Y se puede saber que se nos ha perdido a nosotros en Punta Cana? -No, no creo, es caro, hace un calor tremendo y está lejísimos. -¿Y tú como lo sabes, si no has estado nunca allí? -Pues porque leo, Lucía, porque leo, libros, revistas... además me trago todos los documentales de la 2 y sé de lo que hablo. Si tú hicieras lo mismo... -A ti lo que te pasa es que no quieres ir conmigo, ya no me quieres. -No empecemos, sí que te quiero, pero ir a Punta Cana a demostrármelo me parece excesivo. ¿No podríamos ir a Benidorm? -¡Por Dios Arturo! ¿Cómo les voy a decir a Piluca y a Elenita que voy a Benidorm? ¿Quieres que me expulsen del club?, no podría salir a la calle, tendría que disfrazarme, no me mirarían más a la cara y se reirían de mí. Eso es lo que quieres ¿no? No seas exagerada, Lucía. -Piluca se va a Hawai y Elenita a Cuba, pero claro sus maridos las adoran, no como otros. Me voy al club a darme una sesión de chocolaterapia, a ver si así me relajo. -¿Chocolaterapia? -Sí, Arturo sí, es una nueva terapia antiestrés, si leyeras cosas más interesantes lo sabrías. -Bueno pues que te vaya bien con el chocolate a ver si vienes más dulce. LUCÍA LLEGA DEL CLUB Y ARTURO ESTÁ HACIENDO FLEXIONES EN EL SALÓN -Hola Arturo, a tú edad no son buenos esos esfuerzos. -¿A mí edad? No empieces a faltar Lucía, estoy como si tuviera 20 años. -En eso te doy la razón, porque tú a tus 20 años aparentabas 50. -Cambiemos de tema Lucía. He estado pensando en lo de las vacaciones. -Yo a Benidorm no voy, ya te lo he dicho, no es fashion, está out, Punta Cana es más in -Dios mío, pero ¿qué te pasa en la boca? -¿Estás sorprendido verdad?, como no me haces ni caso, no te has enterado que hablo inglés. Bueno y ¿qué has pensado?- si es que eso es posible. -Podríamos ir a Tenerife, dicen que es como el Caribe pero más barato, playas de aguas cristalinas, arena fina... -No me convence Arturo. -Si hacemos buenas fotos, Piluca y Elenita no notarán la diferencia. Fijo que se creen que estuvimos en Punta Cana. -Bueno, si es así... LUCÍA Y ARTURO EN EL AEROPUERTO -Lucía no hace falta que lleves gafas de sol dentro del aeropuerto. -Pues los famosos siempre las llevan, haga sol, llueva o nieve y nadie les dice nada.Queda fashion. Mira, ya sale en la pantalla la puerta de embarque. -En el catálogo de la agencia, me han recomendado sitios para visitar, el Loro Park fijo que te gusta, es la mayor reserva de loros del mundo. -Eso ha sido muy cruel Arturo, ¿me estás llamando loro? -No, claro que no, nada más lejos de la realidad. Además también hay focas. -¿Ahora me estas insinuando que estoy como una foca, Arturo? -Nooooooooooooooo. ¿Cómo vas a estar como una foca, cariño? Estás como a mí me gustas. -Claro, por eso le estás mirando el culo a esa chica desde que llegamos al aeropuerto. Fijo que está operada, ¿no lo ves? LUCÍA Y ARTURO LLEGAN AL LORO PARK -¡Qué bonitos son los loros, Arturo! Cuando lleguemos a casa, compraremos uno y le enseñaremos a hablar, es exótico, Piluca y Elenita se morirán de envidia al ver el estilazo que tenemos. -Con un loro en casa tengo bastante. -¿Qué has dicho? -Nada, nada, que lo que tu digas cariño. -Sí, compraremos uno con plumas rojas y azules, además me he enterado que Carolina Herrera tiene una gama de diseños de jaulas. -No, si ahora resulta que el loro va a vivir con más lujos que nosotros. -Aaaaaaaaaaaah. -¿Pero porque chillas así Lucía? -Tápame, tápame, escóndeme. -Tampoco estás tan gorda, te lo juro. -No digas idioteces, que son Piluca y Elenita, que están ahí. Me han visto, me han visto. PILUCA Y ELENITA -Hola, Lucía. -¡Ah! Hola chicas, pero qué casualidad, os hacía en Cuba y Hawai. -Y nosotras a ti en Punta Cana cuca. -Bueno es que Arturo ya sabéis como es, siempre aprendiendo, al final nos decidimos por unas vacaciones culturales y aquí estamos, en el Loro Park. -Ya claro, nosotras también pensamos lo mismo, hay que cultivarse. -Bueno hasta luego chicas, ahora vamos a ver las focas. -Por dios Arturo qué vergüenza, no volveré a España. -Ya estás en España, Lucía, estás en Tenerife. -Da igual, no podré volver. -Bueno siempre dudes pedir aquí trabajo, en el Loro Park. -Arturo, piérdete. -A tus órdenes. Por los altavoces de un avión se escucha "Señores viajeros, en breves momentos aterrizaremos en el Aeropuerto de Alicante, la temperatura exterior es de 40 grados, gracias por viajar con nosotros" -Lucía, despierta, ya vamos a aterrizar. -Qué alegría, Benidorm nos espera Arturo, anda dame un beso.He tenido una pesadilla horrible. -Pero si no querías venir Lucía. -Pues ahora sí. -La verdad es que no hay quien te entienda Lucía. -Pues peor para ti. Pero ¿qué estoy viendo?, son Piluca y Elenita, mira que son embusteras, me habían dicho que se iban a Cuba y Hawai. -Ya y tú a ellas que te ibas a Punta Cana. -Cierto. EL CARNÉ Una sensación de tranquilidad me invadió Desde que había cumplido los 18 años había querido hacerlo, pero el miedo a lo desconocido lo habían impedido. Todo el mundo me decía que la primera vez era la más difícil, pero que después me encantaría y que no pasaría sin ello. -¿Estás nerviosa, Lucía? -me preguntó. -Estoy histérica -respondí. -Sube que nos vamos -me dijo mientras me abría la puerta del coche. Siempre me habían gustado esos detalles, que me abrieran la puerta del coche, que me dejaran pasar antes, que me ayudaran a ponerme el abrigo... Me subí al coche mientras me acomodaba en el asiento, olía a ambientador de Pino, no era mi favorito, prefería el de Lavanda pero estaba bien. Las manos comenzaron a sudarme, el corazón a latir cada vez más rápido y un calor tremendo me invadió, pero estaba segura, quería hacerlo. -Cógelo muy suavemente, pero a la vez con firmeza y con las dos manos -me dijo aquel hombre de mediana edad y del que aún no sabía ni el nombre. Me agarré con fuerza, era enorme, y estaba duro al menos eso me pareció en aquel momento. -Los sentidos -me decía- en estas situaciones se agudizan, la vista, el tacto... todo influye. Yo, apenas escuchaba lo que me decía, estaba muy concentrada en seguir todas las indicaciones que me había dado, quería hacerlo bien, había esperado demasiado. Los nervios se mezclaban con la alegría de saber que lo iba a conseguir. Ya me faltaba menos, estaba disfrutando como nunca lo había hecho, mi cuerpo comenzó a relajarse, mis manos ya no sudaban, todo salía solo, salía rodado. -Señorita, está usted aprobada -me dijo el profesor. Por fin me había sacado el carné de conducir. ¿POR QUÉ ESCRIBO? Escribo por y para mí. Porque lo necesito, porque al final de todo un día diciendo lo que se espera que diga y haciendo lo que se espera que haga, necesito hablar conmigo y contarme cosas. Lo reconozco, soy una de las muchas personas que pueden tener una conversación consigo misma y en voz alta durante horas. Suelo tener la sensación de que nada de lo que digo le interesa a nadie. En las cenas, comidas o reuniones de trabajo apenas hablo, no porque no tenga muchas cosas que decir, sino porque no creo que quieran escucharme. Así que me dedico a escuchar, la mayoría de las veces incoherencias y a colocarme la sonrisa tonta que hace que al final del día me duela hasta la mandíbula. No me preocupa si este año se lleva el rosa, o si el restaurante de moda es tal o cual, o si este año en vez de ir al Caribe de vacaciones me tendré que conformar con ir a Málaga, me preocupa que mi madre esté bien, me preocupa que mi mejor amiga pueda sacar adelante su casa y a sus gemelos una vez que su marido la abandonó, me preocupa el no ver a ese anciano con el me cruzo todos los días y al que hace una semana que no veo... sí es cierto me preocupo por todo. Por eso necesito escribir, porque no tengo a nadie a quien contarle mis preocupaciones, mis miedos y porqué no mis sueños, que también los tengo, aunque a veces sean más un espejismo que otra cosa. No soporto preocupar a nadie, no soporto ser una carga para nadie ni agobiar a nadie con problemas, así que me cuento mis cosas a mí, las escribo y las leo y vuelvo a leer. No seré nunca una gran escritora, pero si algún día alguien encuentra mis cuadernos espero que sepa que están escritos desde lo más profundo de mi alma y que en cada línea hay mucho sufrimiento, pero también mucha esperanza aunque de esto último no me queda apenas. Si dejara de escribir me ahogaría ---------------------------------------------------
|
|
||||||||||||