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El rincón de las palabras por Tino Pertierra Entrevista a Carlos Ruiz Zafón Firma Invitada Manuel García Rubio Faulkner, maestro de escritores por José Feito Club de lectura Links Contacto Webmaster ------------------------------------
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Malena teme a los médicos, los teme de una forma tan irracional como todos los chiquillos que necesitan realmente de sus servicios. Los médicos pinchan, tocan la barriga hasta que hacen llorar, meten aparatos dentro de los oídos y palos en la garganta... y, además, cada vez que va al médico, Malena se ahoga. Se agota a fuerza de respirar. Ahora está casi curada, pero no ha olvidado cuando varias batas blancas la rodeaban sujetándola fuertemente para pincharle en el brazo una vez, dos y hasta tres porque sus venas son chiquitas y difíciles de coger. Malena tiene miedo. Entra en la consulta rodeando con sus bracitos el cuello de su madre, los ojillos espantados mirando a su alrededor, demasiado asustada para llorar, buscando la temida bata blanca... ¡pero no hay ninguna! Malena sólo ve un señor que sonríe detrás de una mesa, la mira interesado mientras habla con mamá, y le ofrece un palito transparente y naranja brillante, muy atractivo. Ella, recelosa, no se decide a cogerlo, el médico lo deja sobre la mesa, justo delante de Malena y sigue hablando. Pasado un momento, la niña se decide a cogerlo, y mientras se distrae con él, nota que le quitan la ropa. Inmediatamente, Malena se alarma e inicia un amago de llanto, hasta que se da cuenta de que está sola con su madre: el desconocido se ha ido. Aún nerviosa deja de llorar y vuelve su atención al improvisado juguete. Ya sin ropa su madre la coge en brazos mirando hacia ella, Malena nota algo frío en su espalda e intenta volverse, justo cuando alguien coloca en su punto de mira otro atractivo palito de distinto color al anterior. La echan en la camilla y Malena llora desesperada, mira implorante a su madre, que sujeta sus brazos a cada lado de su cabeza... y en un abrir y cerrar de ojos el odiado palo entra en su garganta y un tubo se introduce rápidamente en cada uno de sus oídos... Y ahora me pinchan, piensa Malena, mientras solloza presa de pánico... Pero su madre la suelta, la sienta en la camilla, y ella rechaza los palitos que le ofrecen de nuevo... Bueno, al menos no ha habido agujas. Cuando Malena sale de la consulta, con los dos palitos en su poder, el señor se pone la temible bata blanca, y le dice adiós sonriente agitando una mano en el aire. Ella responde recelosa, sin saber que ese pequeño gesto es toda una victoria para su médico. ---------------------------------------------------
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