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ALMA DE POETA

Quizás hoy no es el mejor momento para escribir algo apetecible de leer. Todos los días no son iguales: los hay alegres, excesivamente alegres sin que haya un motivo que lo justifique. Aunque nunca es excesiva la alegría.

Otros días, en cambio, nacen negros y no hay luz que los ilumine.

En unos y otros, coincidiendo siempre en los extremos, el alborozo y la zozobra hurgan en mi interior sacándome a la luz mis batallas en forma de poesía.

Todas tienen un sentido, son únicas, el recuerdo de algo, un sueño cumplido, una ilusión en el aire...

Y al pasar el tiempo las releo y me transportan al momento de crearlas. Veo sus defectos, que son los míos. Echo de menos ese vocabulario exquisito que utilizan los verdaderos poetas y que yo desearía tener. Pero el desconocimiento y la falta de hábito me impiden utilizarlo.

Y en un arranque de sinceridad conmigo, consigo darme cuenta de que nunca será más que una afición. No soy una gran lectora de poesía, y ese puede ser un defecto, que asumo.

Pero opto por tener la ilusión, aunque sólo dure el momento de escribirla. Y con rima, porque me gusta más, aunque me tilden de "repipi". Miro al Cielo, me subo a la nube y saco versos que me salen del alma y me siento como la princesita de mi cuento.

Y ahora, os cuento que me llamo Matilde, Mati familiarmente, y que utilizo la escritura como terapia para sacar mi alegría, mi llanto, mis frustraciones y pongo en cada poema toda mi ilusión.

Tocando el cielo

Toca el cielo con un dedo
en sus sueños de princesa,
voz callada, fácil presa
de sonrisas, llanto y miedo.

Vive dos mundos dispares
Y en los dos se siente extraña,
para vivirlos se apaña
con mas artes que pesares.

Y el arrebol de la tarde,
cuando se ofrece a sus ojos,
le recuerda sus antojos
de volar a cualquier parte.

Y en su vivir, casi ledo
pretende amor y armonía
y en su logro, cada día
toca el cielo con un dedo.

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Matilde Suárez © 2004