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DE PATA NEGRA

Mi amiga Cova, nacida y criada en Oviedo, ya se ha interesado por esta nueva revista digital. Chica -me espetó sin piedad- es lo más. "The net in english, of course", lo más "in" del momento. Internet, añadió abriendo de manera exagerada los ojos, está de moda. Mis amigas se van a morir de envidia cuando les diga que te conozco. Yo, humilde neófita en estas lides, tanto en escribir como en navegar, sentí como si un gran agujero se abriera a mis pies. ¿Para qué se lo habré comentado, pensé. Es que Cova protesta por todo. Se pone pesadísima. Reina, me dijo, yo que soy ovetense y asturiana te voy a facilitar numerosos chismorreos de pata negra.

Le contesté que muchas gracias, pero que no era necesario, yo me las arreglaría sola. Reina -repitió por segunda vez provocándome el acostumbrado desasosiego cuando alguien no se dirige a mí por mi nombre y de paso me dan ganas de darle un par de bofetadas-, reina, no lo dudes, yo lo sé todo de esta ciudad. Sin ir más lejos, te voy a contar lo que me sucedió el otro día en una conocidísima cafetería de un conocidísimo centro comercial. No voy a darte el nombre, no, yo no soy así, reina, se dice el pecado pero no el pecador. Bueno, reina, a lo que iba. Fui con mi sobrino, el hijo de mi hermana, el de 14 años, no veas que alto está, como crecen...la hacen a una mayorcita. El caso es que me acerqué a la barra del susodicho negocio y pedí un cafetito con leche templada para mí y un zumo de melocotón para Pedrito. Al minuto me dispongo a pagar. Pregunto cuanto es y me contestan que 2,55 €. Reina, a mí me pareció un pelín caro, sobre todo porque mi sobrino se había bebido el zumo de un solo trago; entonces estudié el ticket que me habían dado. Leí el precio de cada consumición: 0,95 € el café y 1,60 € el zumo. Como yo soy muy legalista, tú me conoces, pues me dije a mí misma mismamente: Cova, busca la lista de precios al público que es obligatorio tenerla a la vista en lugar accesible para los clientes. Después de un rato de mirar y mirar, la encontré. Estaba en el interior de la barra, muy mona ella, clavada a la pared. Te preguntarás qué hice, tú me conoces. Ni corta ni perezosa entré en la barra por la abertura que utilizan los camareros y me puse a comprobar el importe. En cuanto se dieron cuenta que me había colado por dentro del mostrador un camarero situado en el otro extremo, me gritó: ¿Tiene usted algún problema? Yo contesté: No, yo ninguno, ¿Y usted? Reina, alucina, era el dueño del bar que se acercaba a mí intentando desvelar mis propósitos. En aquel punto de la situación todos los clientes nos miraban. Pensarás que yo estaba abochornada por la evidencia, pero no, yo soy muy brava. El caso es que continuó diciéndome en voz alta: ¡ Es que como ha pasado usted a la zona interior de la barra, pensé..., yo no le dejé acabar y muy finamente le dije al sujeto: Estoy contrastando los precios en este cartelito. El hombre, a la defensiva, inquirió: ¿Es que hay algún precio mal? Aquí si que le arrollé: la lista de precios al público con IVA incluido marcaba para el cafetito 0,90 € y para el zumo 1,55 €. El dueño volvió a comprobar ticket y lista, lista y ticket y admitió, no sin cierta duda, que la máquina registradora tenía los precios mal introducidos. Por supuesto, me devolvió los 10 céntimos de euro pagados de más. Así que ya te digo, reina, comprueba las facturas de todo lo que consumas y pregunta, tenemos derecho a ello.

Queridos internautas, no sigo transcribiendo la conversación con Cova, mejor llamado monólogo, porque yo escuchaba y asentía sin poder meter baza. Añadió con absoluta firmeza: Ale, reina, ya tienes un tema para escribir en tu revista digital...¿cual has dicho que es la dirección que hay que teclear?

Se me quedó la cabeza como un bombo. ¡Esta Cova!

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Marta Lobo © 2004