Desde aquí abajo
David Fernández García

Diario de una madre
Susana Álvarez


Las palabras y las mentiras
José Manuel Fernández Arguelles

La ventana indiscreta
Susana Lago

De pata negra
Marta Lobo

Signos del alma
Roxana Herrero

Simplemente Lola
Yasmina Suárez González

Apuntes
Arne Hugues

Aquí Ribono
Emilio Fernández García


Ficciones
Ana Fanjul

Olas
Aguamarina

Alma de poeta
Matilde Suárez

Adónde Irán los versos
Magdalena Azabal


Malena
Cristina Sánchez

Como una extraña
María Antonia Goás

 
El rincón de las palabras por Tino Pertierra

Entrevista
a Carlos Ruiz Zafón

Firma Invitada
Manuel García Rubio

Faulkner, maestro de escritores
por José Feito

Club de lectura

Links


Contacto


Webmaster

------------------------------------
Números publicados
------------------------------------

Hemeroteca

 
 


AQUÍ, RIBONO
Ponerse al día

Le iba bien cuando ella vivía. Ahora se aprovecha de las vacaciones para poner al día las relaciones con sus hijos. Era la única época que podían compartir, después llegaba el otoño con sus labores y obligaciones y se volvía a frustrar la unidad familiar. En las vacaciones los cuatro compartían y él se sentía más feliz, aprovechando para poner al día su terapia educativa concentrada. Ya que su esposa no podía estar presente él tendría que asumir el protagonismo. Necesitamos de nuestra propia libertad para ser nosotros mismos, les decía, sin ataduras, porque el hombre cuanto más libre es, más es él. Y así puede entregarse a cualquier empresa con todo su empeño y capacidad. Ser capaz de elegir, incluso las ataduras que se puedan asumir y a la vez responder a ellas es sinónimo de libertad.

Se pasaba todas las vacaciones sermoneando a toda la familia. Él creía que su política pedagógica se limitaba únicamente a las vacaciones con metáforas, vivencias personales y fraches hechas podía ponerse al día, pero su familia no opinaba igual, ellos necesitaban más de él, simplemente el día a día. Era tal su comportamiento que les privaba de la libertad que tanto pregonaba. Él, que siempre se remitía a esa esencia como fuente de la vida, sin pretenderlo les privaba de ella.

El error del buen hombre era pretender enseñar el camino de la vida a su familia por medio de sus consejos sin darse cuenta que la fórmula era todo lo contrario, lo que debía hacer era enseñar el día a sus hijos con su compañía e intentar lle gar a su corazón por medio del pensamiento.

SAMUEL

¡Qué alegría tan grande! ¡Hace diez años que no te veía, Samuel! ¿Como te va?

Bien, bien, ¿y tú?

¡De categoría, chico! ¿Sabrás que me casé con Carmen? ¿La recuerdas?

¡Claro! Sí, sí... Carmen.

Bueno... Carmen y tres más, dos hijos y una hija, Samuel el mayor, Juanito y Carmen la pequeña. Lo peor el trabajo, me trae de cabeza. Un día aquí, otro allí, siempre en la carretera o en el avión. Esto de trabajar para una multinacional, es lo que trae. Ayer, precisamente vine de París, ¡chico, qué ciudad!, la noche parisina es de pecado, el Molin ése, la rúe de no sé qué, uff, demasiado para el cuerpo, ya me entiendes, ¿verdad? Después ya sabes, papeleo y más papeleo. Es lo que trae un trabajo con tanta responsabilidad. Este sábado otra vez, ahora a Turín. Estamos instalando una feria de muestras y tengo que ir, es preciso, si no les hago yo los preparativos, no son capaces de sacarlo adelante. A veces creo, que no podré ni morirme. Bueno tanto yo, tanto yo, ¿y tú?, ¿como te va?, ¿en qué trabajas, qué haces?

¡Caramba! ¿a mí qué me va a quedar, si todo lo haces tú?

¡Perdona!, es una broma.

Lo mío no tiene importancia, no me casé, trabajo poco, alguna chapuza, nada que merezca la pena.

Bueno, Samuel, me alegro mucho de verte. Ahora ando con prisa, que tengo que hacer el equipaje. Cuando vuelva de Turín ya nos veremos y quedamos para comer. ¡Oye! Dame el número de teléfono y te llamo cuando regrese.

No deja, no hace falta, ya te llamo yo... a tu casa.

Sí, mejor así, que yo ando muy liado .

---------------------------------------------------

Emilio Fernández García © 2004